Maldito paso del tiempo

La arruga es bella. Eso dicen. O quizá sería mejor decir, traicionera. Como el tiempo que la provoca. Ese maldito “tic-toc” que hace estragos en nuestro cuerpo y nuestro alma, cual viento huracanado (o mar bravío) ante la geografía más adversa erosiona cualquier sedimento y se lleva sea cual sea la formación geológica que se ponga por delante. Así es el paso de los años. Ese cronómetro que te va poniendo conocimiento, templanza y madurez, pero te va quitando energía, ilusión, ganas y sueños. Ese “traicionero puñal” que te va curtiendo y dando experiencia, pero te va guiando hasta la muerte, despojándote de pasión y fuerza y llenándote de kilos, arrugas, frustraciones, disgustos, malas decisiones, malas “bromas” del destino y desengaños en el camino. Tanto a ti como individuo, como a ti cual miembro de una familia o de una pareja.

De eso hablan las dos películas que veo esta semana (una en el cine, otra en casa). Del demoledor efecto del devenir de los años y de cómo este aniquila esa ingenua y naif máxima de que el amor nunca se acaba y que los sueños están siempre para cumplirse. A veces pasa y se hace realidad. Otras, nanay de la china. Y si no, que se lo digan a los protagonistas de las dos películas del post de hoy. Y es que como dice la canción: “Se nos rompió el amor (y la ilusión), ay, de tanto usarlo”. Vamos con ellas.

“Regreso a Hope Gap” / “Hope Gap” (Dir: William Nicholson):

            “Regreso a Hope Gap” habla de una pareja. Llevan juntos 29 años y, pullas e ironías aparte, se mantienen a flote en el mundo de la rutina y la convivencia. Tiene un hijo ya crecidito y emancipado (no por joven, más ilusionado), el cual regresa sólo muy de vez en cuando a visitarlos y hacer la visita de rigor. Aparentemente, todo sigue funcionando cual mecanismo de reloj suizo. La inercia. Pero todo se desmorona cuando él decide abandonar el hogar donde ha cohabitado con “aquella media naranja a la que le juró amor eterno” durante muchos, pero muchos días, minutos, segundos, …. El “castillo de naipes” se viene abajo. En un segundo. Con un simple: “Me voy”. A partir de ahí la incomprensión, el dolor, la frustración, el reproche, la desorientación, el caos, el miedo, la inseguridad, el horror, la soledad, las preguntas con respuestas, las preguntas sin respuestas, el miedo, la adaptación, o la inadaptación, la angustia, la rabia, … Todo ello mostrado en una notable y sensible cinta, casi teatral, de cámara, en la que tres personajes a la deriva tratan de adaptarse a la nueva situación. Un guion inteligente, y que plantea muy interesantes problemas (eternos) y cuestiones de la pareja, sustenta esta directa, concisa y sencilla cinta en la que tres grandes actores dan lo mejor de sí para crear un trío de personajes tan reales como creíbles. Los tres (Annette Bening, Bil Nighy y el muy de moda Josh O´Connor) intérpretes, casi lo mejor de la cinta, están perfectos en sus desorientados y heridos personajes. Les seguiremos, escucharemos, comprenderemos, o no, y sufriremos con ellos. No el mejor de los dramas, sin duda, pero con calidad suficiente como para acercarse a un cine a disfrutar de su visionado. Yo, al menos, seguí con interés y con empatía el sufrir de estos personajes cuyas ilusiones han explotados por los aires y de cuyas cenizas, de sus añicos, tendrán que resurgir para volver a vivir, o simplemente sobrevivir, en esta nueva etapa. Ojalá les vaya bien. Sólo he pasado 1 hora y 40 minutos con ellos, lo suficiente para ver que se lo merecen. ¡Mucha suerte!!!

“Rapera a los 40” / “The Forty-Year-Old Version”. NETFLIX.  (Dir: Radha Blank):

            “Rapera a los 40” no es un drama, sino una comedia. Y no habla de erosión en la pareja, sino del alma de cada uno. Habla de los sueños por cumplir. De la idea que uno proyectó de sí mismo y de lo que en uno se ha convertido realmente. Habla de las ilusiones, de la pasión, de las ganas, de la lucha, de todo lo que uno pone de su parte para conseguir aquello que anheló ser y de cómo la adversa y cretina realidad acaba colocándote en un sitio que nada se parece a lo que uno de joven ingenuo imaginó. Hay un momento crucial en la película en la que nuestra protagonista llora en soledad y grita al vacío un doloroso: – Pero ¿qué es lo que hay que hacer? ¡¡¡¡Si yo lo único que quiero es ser artista!!! – De eso va “Rapera a los 40”, esta cinta que triunfó tras su paso en Sundance y que se ha estrenado directamente en NETFLIX, un largo a medio camino entre la ficción y el falso documental, en la que seguiremos los pasos de Miss. Radha, una dramaturga afroamericana que llegó a ser una brillante promesa de la creación teatral y que se ha quedado un poco en el medio de la nada, estancada en un limbo profesional y personal que le impide avanzar hacia adelante. Ejerce de profesora de teatro a un multirracial grupo de jóvenes e intenta poner en marcha una nueva obra teatral. En este delicado momento, de crisis existencial, tendrá la idea de convertirse en rapera (de ahí el título) y expresar a través de la declamación “hip-hopera” todo el arte que lleva dentro. De esto habla esta inclasificable e interesantísima cinta, rodada en un bello New York en blanco y negro, muy divertida y que goza de un humor muy ácido y sarcástico, valiente (es una especie de catarsis de su directora/actriz, fantástica Radha Blank) y “marciana”, amén de sentida y llena de sensibilidad, de la realización personal, de la lucha por lo que queremos ser y de lo que podemos y llegamos a ser realmente, de la supervivencia emocional, de la reinvención personal, de todo ello  y muchas cosas más (desde la situación de los afroamericanos, al papel de la mujer en la sociedad, de la enseñanza, al rap, la gentrificación, del artista, de la amistad, de sus creación,  del frívolo mundo del arte, …). Todo esto en un “cóctel” lleno de gracia y originalidad que uno sigue entre el interés y la perplejidad, entre la fascinación y la alucinación, lleno de personajes al límite del absurdo, “freekies” pero entrañables, que desbordan empatía y encanto por los cuatro costados. Una propuesta genuina, original, muy refrescante y recomendable (siempre en V.O; por la importancia del rap en la trama y la “fauna” neoyorquina que deambula por ella, no puedo concebir esta película de otra manera) que termino con la misma sensación que la anterior: he pasado sólo dos horas con Miss Radha, no la conozco del todo, pero le deseo sólo lo mejor. Ella y su película. Lo valen.

3 comentarios sobre “Maldito paso del tiempo

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