La maravillosa verdad de un hombre normal y de “Un poeta”.

            Celebro mis recién 100.000 visitas como debe de ser. Como procede. Yendo al cine. Hablando de cine. Escribiendo de cine. Y lo hago con dos películas a las que voy con cautela, con ciertos reparos (¡ay, los prejuicios, los malditos prejuicios!), a pesar de haber pasado ambas por prestigiosos festivales, Cannes, San Sebastián y Venecia, nada menos, haber recibido muy buenas críticas e incluso alguno que otro premio. Las dos, siendo opuestas, hablan se centran en dos hombres que defienden la verdad. Casi las dejo pasar. Error. Las dos me gustan un montón. Una, incluso, me maravilla. Esto es lo que me parecen.

“Prime Crime: A True Story.” (Dir: Gus Van Sant):

            Voy a ver “Prime Crime: A True Story”, a pesar de que me horroriza su título, por su director, Gus Van Sant, tótem del cine indie americano que, personalmente, siempre tiene algo que decir tanto en fondo como en forma. Es el caso.

Acierto. Me encuentro con un entretenidísimo thriller, basado en un caso real, sobre un hombre que buscaba que le pidieran perdón por haber sido estafado por un banco que especulaba inmobiliariamente, llamando para ello la atención mediática de periodistas y ciudadanos, amenazando con que mataría al hijo de su dueño, convirtiéndose en un héroe/villano, según el foco de la mirada.

            El resultado: visualmente impecable, todo un brillante homenaje al cine setentero, cuidado en fotografía, producción y música. Desde este punto de vista, impecable. Formalmente de 10. Puro retro.

Narrativamente, más sencillo, pero igual de efectivo. No despego la mirada desde el minuto uno. Por su interesantísima, llena de denuncia social al terrible capitalismo que nos devora, trama, así como por su efectiva manera de ser contada. En ese sentido, sus actores, impecables, tiene mucho que ver.

Sus 105 minutos vuelan. Ni me entero. Y salgo, entretenido, y reflexivo, al ver como este mundo podrido prioriza el dinero al alma humana. Lo de siempre, queridos… Qué les voy a contar que no sepan. Siempre el dinero, el puñetero dinero, …

             “Un poeta” (Dir: Simón Mesa Soto):

            Si la de Gus Van Sant me gusta, “Un poeta” me maravilla. Me noquea con su original propuesta, diferente a nada que hayan podido ver antes, de drama lleno de comedia o de comedia llena de drama, rebosante de sátira y de humor extremo al límite. Divertida, muchísimo, triste, más, mucho más, aunque a priori sea una comedia, original, mucho, y llena de sensibilidad, inteligencia y, lo que es más importante, mucha crítica social.

            Cuenta la historia de Oscar Restrepo, poeta que da título a la cinta, y que no puede con esta vida. Está al límite en todos los sentidos. Perdido. Desorientado. Desbordado. Alguien quien encontrará de nuevo la luz, en esta su terrible situación, al descubrir el brillante talento para la poesía, disciplina que él tanto ama, de una de sus alumnas, intentando que ésta se convierta en una joven talentosa del mundillo, a pesar de su terrible situación social, hablando a través de ello de muchísimas cosas como la vocación, pasión, la sensibilidad, las frustraciones, los sueños no cumplidos, las vidas desnortadas, … sin dejar de poner foco en ningún momento de la terrible situación económica y social de un país, Colombia, así como de toda Latinoamérica.

            Me fascina su personaje protagonista, también su actor principal. Oscar Restrepo / Ubeimar Ríos, vaya tándem. Alguien entre el realismo más absoluto y una parodia vital, que me mata de la risa como me hiela el alma. Así como el ramillete de personajes/actores que le acompañan, toda una fauna de lo más variopinto a la que es imposible no prestar atención.

            Entre el verismo más documental y el esperpento «valleinclanesco», entre el humor absurdo de Ionesco y la objetividad de un Documental de la 2, entre el sainete manchego de los de MUCHACHADA NUI y de José Luis Cuerda y el drama más descarnado y veraz.

            Sólo tiene un problema, a veces roza lo grotesco, creando situaciones muy al límite, que se balancean entre la genialidad y la grima, en las que la vergüenza ajena te desarma.

            Toda una sorpresa. Una pequeña joya del humor, la sensibilidad y el cine social. La sala estaba llena. No era el único que tenía curiosidad. Y, el público, se esperó hasta el final, final, señal inequívoca, de que la cosa les gustó mucho como a este humilde bloguero.  

            No una película para todo el mundo. Avisados quedan, Pero si te gusta dejar sorprenderte por cosas diferentes, no lo dudes, es tu película. Flipé tanto como amé. No digo más.

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