El sonido de una … decepción.

            Cuidado. No todos son alegrías cuando uno va al cine. No todo es jauja en lo que se refiere a lo que uno siente en una sala oscura. Unas veces se gana otras se pierde. Unas veces se acierta, otras nada. No me suele ocurrir mucho, por mi carácter apasionado positivo, incondicional amante entregado al séptimo arte, capaz de ver siempre lo mejor y más valioso de cada proyecto, y porque siempre voy a ver películas antes muy respaldadas por la crítica y los comentarios, pero a veces también me pasa. Más cuando las expectativas están altas. Cuántas veces lo hemos dicho… ¡Malditas expectativas!!! Pero es así, a veces entre tanto buen filme, alguna decepción. Me toca esta semana. Había muchas ganas de esta película. Me deja como si nada. Bueno, más bien lo contrario, absolutamente extenuado. Se llama “El sonido de una caída”, pero bien podría haberse llamado para mí, “El sonido de una decepción”. Esto es lo que en su visionado me pasa.

“El sonido de la caída” / “The sound of a falling” (Dir: Mascha Schilinski):

            Había muchas ganas de ver “El sonido de la caída”. Más cuando era una película que, curiosamente, ya venía precedida de prestigio antes de ser estrenada. Se hablaba de ella maravillas previamente a ser proyectada por primera vez. Venía cargada de aura. Ese día llegó. Fue Cannes 2026. Sección Oficial. Algo nada fácil, más para una directora casi desconocida. Su prestigio creció aún más. Críticas excelsas para la que se suponía una película sin igual y llena de calidad y ambición. Cine de prestigio autoral. se llevó premio gordo. En todo momento fue una de las favoritas para ganar la PALMA de ORO.

            Al final voy a salir de dudas. Tengo, como digo, mucha expectación, también ciertas dudas. He oído que es una película que requiere de exigencia por parte del espectador, ya que no es nada fácil ni condescendiente… algo, que por otro lado me motiva, me invita más aún a verla.

            Error. Decepción. El espectador lo que necesita no es exigencia, sino paciencia. Mucha. Salgo agotado de su proyección. Me quedo hasta el final por si hay un plano en su cierre que me pueda explicar todo lo anterior, y me deje maravillado, con la boca abierta, pero no. Nada de nada. No entiendo lo que veo. Es más, lo sufro. Muestra en imágenes varios grupos familiares que habitan una misma casa en diferentes épocas. Puedo entender que es una película sobre el sometimiento de la mujer. Creo. Pero que también habla de misticismo y fantasmas. Así como de la muerte. Muy presente. Reconozco que, estéticamente, sus imágenes son bellas y cuidadas, es muy bonita, pero su guion me agota, me crispa, me exalta… Desconecto. Miro el reloj varias veces. Intento buscarle un sentido, por eso de su prestigio y lo de las buenas críticas, pero en mi caso nada. No llega en ningún momento. Y digo en mi caso, porque a lo mejor me pierdo algo. No lo sé. No creo, porque bastantes personas abandonan la sala. Va de poética y de trascendente. De compleja y original. Pero la encuentro engolada, intensa e insufrible. Es más, repetitiva y poco disfrutable. Mezcla muerte, femineidad, familia, abusos, conexiones temporales… y no sé de cuántas cosas más. Me pierdo en sus imágenes, me desoriento en su trama. No me gusta. Es más. Me decepciona. Me ataca. No veo el momento, qué pocas veces me pasa, de salir de la sala. Cuando llegan los créditos finales siento la libertad de poder salir de ese apresamiento, de esa tortura. La felicidad de volver a la calle.

            Pero esto es lo que me pasa a mí. Mucha gente, más entendidos que yo, la califican de obra maestra. De maravilla fílmica. Juzguen ustedes si deciden verla. Yo, desde mi humilde opinión, sólo puedo decirles, que no se la recomiendo. Que, si pueden, la eviten, no vayan. Luego hagan ustedes lo que quieran que hagan.

            Palabra de entusiasta cinéfilo que pocas veces se defrauda. En esta ocasión, fue así. Mala suerte.

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