De “malos tipos” y “peores personas”.

Es curioso como dos películas tan antagónicas y opuestas, una cinta independiente nórdica y una película de animación americana para niños, puedan estar tan conectadas. Las dos, en el fondo hablan de lo mismo. Del conflicto interior que provoca a sus protagonistas lo que esperan de ellos aquellos que les rodean y lo que, a diferencia, su naturaleza les pide. De ser honesto con uno mismo o dejarse llevar por los demás, de seguir los instintos personales, aunque sean primarios y nada bien vistos, o venderse a los cánones y normas establecidos por la “adocenada” sociedad.

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Abandonar el hogar.

A veces uno tiene que partir. Abandonar el hogar y dejar atrás ese lugar donde uno ha sido muy feliz. Donde se ha sentido seguro, cuidado, protegido y amado. Donde no tenía miedos. Donde colmaba la calma, felicidad y dicha. Donde todo era paz y alegría, cariño y seguridad.

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Los amores difíciles.

A los amores les pasa como a los aires, que a veces son difíciles, como bien escribía la fantástica (D.E.P.)  Almudena Grandes en una de sus novelas y como bien saben, entre otros, los gaditanos o los que pasamos nuestras vacaciones en tierras de nuestra amada Cádiz. Que nos venga el tiempo de Poniente, deseamos siempre, acogedor y agradable. Amable y disfrutable. Ligero y suave.  Pero que no llegue el de Levante. ¡Ese no, horror!! Que lo complica todo. Que consigue que la estancia sea insoportable y a veces hasta imposible. Que llega a provocar que la gente enloquezca y les “explote” la cabeza. Que hace, que, a pesar de estar en el espacio más maravilloso del planeta, tengamos que ausentarnos, dejarlo, porque la experiencia es todo menos placentera.

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España, Japón, la Chastain y los Oscars.

Lo sabíamos a principio de semana. ¡Qué alegría!! Tres grandes de muestro cine, Penélope Cruz, Javier Bardem y Alberto Iglesias, conseguían una nueva nominación para los Oscars. Y ya van cuatro. Cada uno de ellos. Y muy merecidas. Orgullo de España. Como Nadal en el Tenis, nuestro “Dream Team” patrio cinematográfico volverá a Hollywood para defender nuestra esencia. Y bien merecido. Porque ellos lo valen. Porque ellos son genialidad. Talento. Grandeza. ¡Bravo! ¡Bravo! ¡Y bravo! No ganarán. No importa. Pero su mera presencia ya es toda una grandeza.

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Mavilloso el “Belfast” de Branagh.

Hace unos años, Alfonso Cuarón nos regaló ese fantástico retrato de su infancia en México llamado “Roma”. No sólo era un perfecto reflejo de los años que el director vivió en la capital “azteca”, sino que a su vez servía de perfecto análisis de un país desde múltiples (político, social, …) puntos de vista. La película fue aclamada por la crítica y se convirtió en todo un éxito cinematográfico en la temporada de premios. Personalmente, encontré en ella a mi película favorita de aquel año. No solo me gustó. Me fascinó. Me enamoró. Me apasionó.

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Bendita-Maldita ambición.

  Nada como tener un fin claro en mente. Como focalizar y hacer todo lo posible para conseguirlo.  Dejar atrás las justificaciones y excusas varias y lanzarse sin miramientos a conseguir el objetivo deseado. Tener ambición. Centrarse en conseguir cotas difíciles de alcanzar, “cumbres” costosas de “escalar”, objetivos complicados de palpar, vivenciar, disfrutar…

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Apocalipsis terrenal. De fantasmas y meteoritos.

Las dos películas que veo hablan de catástrofes que pueden acabar con este mundo. Unas más reales que otras, pero igual de amenazantes. Fantasmas que quieren “dar finiquito” a todo lo que les rodea. Meteoritos que van a destruir nuestro planeta para siempre. Aunque lo que más asusta, curiosamente, no son ni los espectros fantasmagóricos por ahí sueltos ni los trozos de material espacial tratando de impactar con nuestra tierra.

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Libre, libre quiero ser….

“Libre, libre, quiero ser, quiero ser, quiero ser libre…”, cantaban Los Chichos a los cuatro vientos en una defensa a ultranza de eso que siempre hemos querido todos, el que no nos manejen, no nos mangoneen, nos den vía libre para ser quienes somos y seguir nuestros instintos, vivir nuestra vida, loca o no, cada uno que elija, pero como nosotros queramos, sin barreras, limitaciones, ni normas y reglas impuestas por los que no nos rodean.

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A por la estatuilla dorada.

Se abre la veda. Empieza la carrera. Se calientan motores. Y todo se pone en marcha para la temporada de premios. Empieza el “3, 2, 1, … vamos”. El “preparados, listos, ya”. El “Ready, steady and go”. Llega le Otoño y las productoras empiezan a sacar su artillería pesada. Muestran a la luz sus “criaturas” más preciadas, sus “engendros” favoritos y predilectos. Sus grandes películas de la temporada. Con una única misión: arrasar en la temporada de premios y, por ende, en la taquilla, o en casa, que ya sabemos, “oh, ¡my God!”, cómo está el tema de los estrenos en pequeña pantalla bajo demanda.

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EXTRAÑOS EN EL TIEMPO.

Veo dos películas en las que sus protagonistas están fuera de su tiempo. En un caso, porque a nuestra protagonista, su modernidad, libertad de ideas y valentía anti-justicia, le hace chocar con una época y un sistema retrogrado, bárbaro e inhumano. En el segundo caso, porque nuestros protagonistas se quedan encasquillados en un bucle del tiempo, en el que cuando quieren rematar su historia, algo les hace volver a su casilla de salida, de nuevo al principio. Son personas fuera de su momento, a los que su historia, y los que les rodean, les hace convertirse en extraños de su tiempo. Vamos con ellas.

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