El sonido de una … decepción.

            Cuidado. No todos son alegrías cuando uno va al cine. No todo es jauja en lo que se refiere a lo que uno siente en una sala oscura. Unas veces se gana otras se pierde. Unas veces se acierta, otras nada. No me suele ocurrir mucho, por mi carácter apasionado positivo, incondicional amante entregado al séptimo arte, capaz de ver siempre lo mejor y más valioso de cada proyecto, y porque siempre voy a ver películas antes muy respaldadas por la crítica y los comentarios, pero a veces también me pasa. Más cuando las expectativas están altas. Cuántas veces lo hemos dicho… ¡Malditas expectativas!!! Pero es así, a veces entre tanto buen filme, alguna decepción. Me toca esta semana. Había muchas ganas de esta película. Me deja como si nada. Bueno, más bien lo contrario, absolutamente extenuado. Se llama “El sonido de una caída”, pero bien podría haberse llamado para mí, “El sonido de una decepción”. Esto es lo que en su visionado me pasa.

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Los “Perfect Days” y la perfecta rutina.

            El otro día bramaba desesperadamente por aquello de lo que cuesta volver a empezar tras el descanso vacacional. Como hoy clamo a los cuatro vientos, ya lo he hecho aquí en varias ocasiones, aquello de: ¡Bendita Rutina!!!

   A veces nos empeñamos en creer que la felicidad radica en alcanzar y alcanzar grandes logros, en conseguir y conseguir bienes materiales, en acumular y acumular dólares y dólares, en desear y desear sueños imposibles, … cuando la cosa es mucho más fácil, olvidándonos continuamente en dar valor a esas pequeñas cosas, “padres nuestros” de nuestro día a día, que hacen que nuestra existencia sea de lo más placentera y gozosa. Yo podría citaros miles, seguro que ya sois conscientes de mi carácter entusiasta, pero si revisamos cada uno de nosotros nuestra mundana existencia, estoy seguro de que todos encontraremos un buen puñado de pequeñas rutinas diarias que nos hacen muy, pero que muy felices.

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