“Aída” y “Marty Supreme”. Disfrutables radicales experiencias.

Voy a ver dos películas tan opuestas como cercanas. “Aída” y “Marty Supreme”. La primera una comedia basada en una de las sitcoms más exitosas que ha tenido la televisión española, centrada en el personaje que da nombre a la misma, un producto creado para la gran masa, con el claro objetivo de entretener y dispuesta a reventar taquilla (de hecho, lo está haciendo). La otra un drama independiente de cine de autor con el actor del momento, el siempre acertado y talentoso, Thimothée Chalamet, cine hecho desde las premisas combativas de las trincheras del cine independiente, carne de festival y de la temporada de premios (de hecho tiene varias nominaciones a los OSCAR, incluida la de mejor película).

            Las dos se presentan como dos experiencias radicales, nada fáciles ni acomodadas, dispuestas a sacudir a un público adormecido, que pasará a sentir un gran desconcierto ante lo que están viendo sus ojos. Ambas me gustan, la segunda incluso mucho. Es más. Muy mucho.

            Esto es lo que me parecen.

“Aída y vuelta”. (Dir: Paco León):

No sé muy bien qué escribir sobre “Aída”, la verdad. Salgo de ella tan entretenido como desconcertado. Me gusta su concepto meta-televisivo, con esa idea sobre la que gira la trama de grabar el último capítulo de la serie, inteligente y nada facilón. Me lleno de nostalgia ante sus personajes y escenarios (yo fui consumidor de la serie en sus primeras temporadas). Me gusta ver el arte y desparpajo de todos sus fabulosos actores cómicos, fantásticos e icónicos cada uno de ellos. Así como me parece valiente que hayan arriesgado creando un producto nada fácil y valiente, poco condescendiente con el público, con esa idea de llevar el humor al límite y estar siempre en la delgada línea de lo qué es y no es políticamente correcto. Amén de que me troncho durante todo el metraje con su humor salvajemente negro, híper irónico y, se podría decir, despiadado.

Ahora, es tan políticamente incorrecta y salvajemente provocadora, tremendamente irreverente y sumamente extrema, en esa crítica a la mojigatería de la cultura de la cancelación y de  la supremacía de lo políticamente correcto, en pos de una defensa de un humor sin límites que se ría de todo y de todos, libre y nada aburguesado, dejando siempre claro la importancia y la defensa absoluta de la diversidad, algo que apoyo absolutamente, que, aunque entro en la propuesta, a veces no tengo del todo claro si he de reírme o no. Algo que le da complejidad a lo que veo, ya que no tiran de un humor sencillo y blanco, en el que mi conciencia esté tranquila por mis carcajadas.

Tan divertida como “heavy”. Ahí lo dejo. Juzguen ustedes sí son fan de la serie y van a verla. Yo, aunque la disfruto, no os voy a engañar, no me atrevo del todo a decir muy bien qué es lo que pienso.

“Marty Supreme” (Dir: Josh Safdie):

Me encanta “Marty Supreme”, a la que iba yo con cierto miedo porque nunca he entrado del todo en el cine modernamente “anfetamínico” de los hermanos Safdie. Aquí dirige en solitario uno de ellos, Josh, quien nos cuenta la historia de un hombre capaz de hacer lo que sea con tal de conseguir su objetivo en la vida, que no es otro que ser el número uno del mundo del pingpong. O lo que podría resumirse en una frase, la historia de un auténtico bastardo, lleno de labia y atractivo,  pero un auténtico bastardo, personaje que interpreta de manera magistral un entregado Timothée Chalamet, deseoso y carne, sería merecidísimo porque el tío lo borda, de OSCAR.

Me atrapan su entretenidísima y original historia, su endiablado montaje, su excitada dirección, su brillante banda sonora y su perfecto reparto, con un protagonista de lujo, maravillosamente secundado (Gwyneth Paltrow y Odessa A´zion están maravillosas como las dos féminas en discordia) por un plantel de actores de 10. Me funciona todo como un reloj de precisión suiza. Sus 2 horas y media, se me pasan volando y me entrego a un personaje con el que empatizo 0 pero que me hipnotiza y por el que tengo curiosidad desde el primer al último fotograma.

Una gran película, que muestra la cara B del ser humano, la otra faz del sueño americano, un viaje trepidante, frenético, toda una montaña rusa de escenas, personajes, emociones, nada fácil, tampoco condescendiente, no para todo el mundo, hay gente que la detestará, que me recuerda al Scorsese más joven, frenético y enloquecido, y que está llena de buen cine, nada fácil y de consumo sencillo, sino todo lo contrario, complejo, y radical, buen cine de verdad.

A mí me conquistó. El mezquino personaje y su anti poética historia. Decidan ustedes, si se quieren dejar atrapar por Chalamet y su genialmente odioso “Marty Supreme”. A mí, me atrapó de lleno.

Se os quiere, “hoymevoyalcienmaniacos”.

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