¡Viva la France!

 Estamos en la semana de Cannes, festival de los festivales del mundo del celuloide, capital mundial del cine y lugar donde se presentarán algunos de los títulos, o la mayoría, de los que hablaremos este año (¡qué ganas!). Y es que si algo tiene nuestro país vecino es su amor por la cultura y el arte y, por ende, el cine. Si en mi post anterior valoraba lo más de lo más de nuestro magnífico país, hoy podría hacer lo mismo de nuestro territorio vecino. Y es que son muchas las cosas, y muy buenas, a señalar de nuestros amigos al norte de los Pirineos. Desde la crepe, a la moda, el Tour de France, a la mantequilla, pasando por la elegancia, al “savoir faire et être”, o sin ir más lejos, por no enrollarme mucho, el impresionismo o la baguete.

Pero si algo me gusta de nuestros cercanos colegas es el amor que le procesan a su cultura y el mimo y cuidado que le dedican. De todos es sabido el cómo los “franchutes” cuidan su arte. Desde políticamente, con subvenciones y cuotas de mercado de sus productos patrios, a, simplemente, como meros usuarios y disfrutadores de las cosas que crean. Les gusta lo suyo y lo consideran.

  Centrándonos en nuestro tema. Aman su cine. Llenan sus salas para ver sus películas. Crean todo tipo de largometrajes, con gran variedad de propuestas y géneros, y todas tienen su público. Son devotos de sus directores y de sus actores. Y llenan sus salas para ver a sus mitos e ídolos. Sus películas llegan a generar las misma taquillas o incluso mayores que las de las generalmente, aunque parezca increíble,  imbatibles estadounidenses. Sin ir más lejos, desde la reapertura de salas post-pandemia, los espectadores de “la France”, han hecho colas kilométricas para volver a sus salas, llenando sesiones y sesiones, no sólo para petar con los “blockbusters” de la estival temporada, sino para ver lo último de su cinematografía patria. Desde aquí mi aplauso y mi admiración, amigos “galos”.

Nosotros, por ahora somos más tímidos, vamos más paso a paso. Aunque poco a poco, estoy seguro, volveremos a llenar nuestros espacios cinematográficos, dando larga vida al cine. Al menos eso es lo que yo espero.

Mientras tanto, os comento las dos últimas películas de la cinematografía francófona que he tenido la suerte de disfrutar en sala. Vamos con ellas.

“Mandíbulas” / “Mandibules”. (Dir.: Quentin Dupieux):

            Voy a ver “Mandíbulas” animado por sus buenas críticas y por su aroma de propuesta inclasificables y rompedora (ya he confesado aquí muchas veces que me van en la pantalla grande las cosas diferentes y “heavys”). Salgo encantado tras ver esta pequeña gran genialidad totalmente surrealista y descabellada, fuera de los cánones de lo preestablecido y común, tras asistir a 77 minutos de humor absolutamente absurdo, delirante y “marciano”.

La historia es de traca. Dos colegas descerebrados y absolutamente escasos de masa cerebral, en medio de un encargo de “tipo gansteril”, descubrirán una mosca gigante la cual intentarán adiestrar para que robe por ellos y se conviertan en ricos. Todo se complicará cuando unas jóvenes se encuentren en su camino y una de ellas confunda a uno de los amigos con un antiguo amor de la infancia. Sí, han leído bien. La trama gira en torno al amaestramiento de una mosca mastodóntica. Eso lo dice todo.

El resultado. Una comedia loca, disparatada y exenta de lógica y racionalidad, sólo recomendable para gente muy abierta de miras, dispuesta a entregarse a una cinta ajena a lo tan (sobre)valorado como poco excitante llamado normalidad. Aquí la cosa va de “tontás”, de bromas y situaciones esperpénticas a medio camino entre Ionesco y “Muchachada Nui”, entre el “Esperando a Godot” de Samuel Beckett y cualquiera de las “gansás” de Faemino y Cansado.

Yo me dejé llevar y pasé un gran rato. Me reí y me lo pasé en grande en compañía de estos dos entrañables “tontacos” fascinados con su nueva y estrambótica mascota, la “grand mouche”, la enorme mosca, dispuestos a demostrarnos que nada está por encima de la amistad, o no. Ahora, aviso, no es una cinta que todo el mundo pueda disfrutar y gozar, ya que sólo aquel espectador con un sentido del humor inmenso se entregará a las cachondas pero absurdas situaciones generadas. Avisados quedan.

“Envidia Sana” / “Le bonheur des uns…”. (Dir.: Daniel Cohen):

            Si en la excéntrica “Mandíbulas” lo paso de maravilla, de la segunda sesión de “cinema français” que me meto “pa´l cuerpo”, en mi tarde de sesión doble, salgo un poco de los nervios. Mucho más convencional, pero menos potente y disfrutable, esta otra comedia es de visionado más fácil pero mucho menos valiosa y plausible, al menos para el que suscribe estas líneas.

Me encanta su premisa de partida, he de decirlo. Una mujer sin mucha ambición y llena de indecisión y seguridad verá como desestabiliza a sus “supuestamente” seguros allegados más próximos, al conseguir triunfar escribiendo una novela por la que nadie daba un duro. Mientras ella se va convirtiendo en una novelista y persona de éxito, verá como su pareja y sus amigos más íntimos, se desmoronan en un mar de inseguridades, complejos y envidias que harán que sus lazos de amor y amistad se vayan en un principio al traste.

            Como digo, la historia es buena. Lo mismo qué el tema que trata: “¿Qué es para cada uno ser feliz? / ¿Qué es triunfar en la vida?”. Pero tengo un problema enorme durante todo su metraje. Lo bien que me cae la protagonista, una fantástica, bellísima y luminosa Bérénice Bejo (la de “The Artist”), lo mucho que detesto al resto del cuarteto de personajes. Me parecen mezquinos, cretinos, inaguantables y sus actores, no por malos, sino por un problema en la dirección de intérpretes, absolutamente sobreactuados. Con lo cual salgo un poco enervado y aburrido de ese trío de egoístas egocéntricos que, en lugar de alegrarse del éxito de su adorable compañera de vivencias, se “hacen pequeños” y reaccionan a base de una actitud infantil y un tanto cretina.

            Abandono la sala deseando que nuestra maravillosa escritora novel siga produciendo muchas y mejores entregas literarios. Que le vaya bien, vaya. Al resto no les deseo nada. Me dan absolutamente igual. Por quedarme, como compañía, me quedo con la mosca del filme anteriormente comentado, con eso lo digo todo.

            Conclusión: una gran idea tirada por tierra gracias a unos personajes un tanto insufribles e inaguantables, que ni entiendo, ni quiero entender. “Cést la vie!!!”.

4 comentarios sobre “¡Viva la France!

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