Viaje al lejano Oriente

Las dos últimas películas que veo tienen un factor común o, mejor dicho, comparten localización. Ambas se sitúan en el lejano Oriente y, en concreto, en un mismo país: China. Pero, curiosamente, no pueden ser más opuestas y, las dos, se presentan como dos opciones antagónicas en cuanto a que lo mejor de la una es lo peor de la otra y viceversa. La primera es un melodrama intenso y la otra una ligera cinta de animación infantil. Vamos con ellas.

 

“Hasta siempre, hijo mío” / “So long, my son” (Dir: Xiaoshuai Wang):

Mucho había oído hablar de “Hasta siempre, hijo mío” (“So long, my son”) desde que se estrenó en el festival de Berlín (donde era la favorita para llevarse el Oso de oro, aunque finalmente se tuviera que conformar con los premios a la mejor interpretación masculina y femenina del festival). Todo lo que había escuchado era bueno. Y en muchos casos, los críticos no dudaban en calificarla de obra maestra. No puedo contradecir a esos amantes y expertos del cine en lo que se refiere a la calidad de la película, porque es verdad que “Hasta siempre, hijo mío” es un melodrama redondo, intenso, triste y complejo, que encima está muy bien rodado y contado. La trama nos cuenta la historia durante tres décadas de un matrimonio que pierde a su hijo cuando este es pequeño y de cómo este hecho afectará a ambos y a todos sus allegados. Y de paso, el argumento le sirve al director para reflejar la evolución del país donde tiene lugar, China, en los últimos años de historia. Tanto como drama (mejor dicho, dramón) familiar como documento sociohistórico funciona. Interesa mucho tanto el devenir de esa pareja como el devenir del país. Y, además, todo está contado de una manera muy original llena de saltos en el tiempo, un vaivén de flashbacks al que es muy difícil acostumbrarse al principio y que te vuelve un poco loco, pero que acaba convirtiéndose en un original e inteligente puzle, en el que al final todo cobra sentido y del que es muy difícil desatenderse. Los dos actores principales están soberbios. Y el final te deja noqueado y pegado a la butaca sin poder mover un ápice cualquier apéndice o parte de tu cuerpo (preparen los “cleenex” las almas sensibles). Sales demolido. Tocado. Triste. Muy triste. Lo cual es signo de que te ha llegado. Al menos a mí.

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            ¿Y se preguntarán? ¿Y qué es lo que falla? ¿Qué es lo que me impide ver en ella esa categoría de obra maestra que le ve todo entendido? Pues que dura tres horas. Y ya no es tanto el problema la duración (porque es verdad que no se hace larga, como casi todo el mundo recalcaba en sus reseñas) sino el lento ritmo de esta. Todo va al ralentí, signo característico del cine asiático, algo que entusiasma a muchos pero que a mí me exaspera un poco, ya que lo mismo me lo podían haber contado en dos horas y en un tempo, digamos, por decirlo de alguna manera, un poco más vigoroso.

Salgo con la sensación de haber visto una notable película, la cual disfruto, que quede claro, pero su pasmosa cadencia durante todo el metraje hace que me impida vibrar como a la mayor parte de críticos y aficionados al celuloide. Agridulce, como el cerdo que tanto me gusta de un restaurante chino, me quedo a la salida.

 

“Abominable” (Dir: Jill Culton y Todd Wilderman):

Y lo peor de “Hasta siempre, hijo mío” es lo mejor de “Abominable”, cinta que también se ambienta en el país del cerdo agridulce (aunque sea una producción norteamericana) pero que tiene en su ligereza, su dinamismo y su escaso metraje (97 minutos) su mejor virtud. La cinta se ve con agrado, es bonita, entretenida, visualmente impecable y se pasa en un plis. Mola su banda sonora (tanto la creada por su compositor, Rupert Gregson-Williams, como los temas incluidos; ese “Fix you” de Coldplay, para mí un “temazo”, algo más que una canción). En definitiva, se disfruta. Sin alaracas, pero sin muchos peros. Sí, quizá uno, su historia, aunque agradable y mona, no acaba de ser redonda. Tiene momentos buenos: sobre todo los que tienen que ver con ese adorable Yeti “abominable” que da título a la cinta y su relación con los tres jóvenes, igualmente adorables, que le ayudarán a regresar a su hogar del que ha sido secuestrado por unos malvados villanos. Otros, no tanto: todo lo que tiene que ver con eso despiadados que intentan mercadear sin que la ética les ilumine con la achuchable criatura. Pero en conjunto no acaba siendo un acierto total.

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     Un bien más diría yo, para esta cinta que “moi”, junto a mi familia, disfruté bastante y que no dudo en recomendar a todos aquellos que tengáis en casa pequeñas y “abominables” “criaturas” para estos días en que parece que se acaba el “veroño” y empieza el frío.

 

4 comentarios sobre “Viaje al lejano Oriente

  1. Anotaremos la de dibujos para amansar a las “adorinables” fieras de la casa 😀
    Gracias por el post!

    PD. la otra ni aunque me secuestres y me ates a la silla del cine…
    Aunque bueno, si es para ir al cine, me lo pensaría jejeje

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