¿Quién nos cantará?

Cantaba “Mocedades”, allá por 1978, aquello de “quién te cantará con esa guitarra, quién la hará sonar cuando no esté yo, quién dará a tu casa color y a tu techo calor, quién te hará el amor…”, tema que 40 años después utiliza el súper especial Carlos Vermut no solo en uno de los momentos claves de su nueva y esperada película sino para dar título a la misma. Confieso que me moría de ganas de verla, porque me encanta el cine de Vermut (y el vermut todo sea dicho), como también confieso que me encanta Mocedades, sí, también, me pirran (hasta tengo con mis mejores amigos nuestra propia versión de guasa, los “Vocedades”), así que me faltaba tiempo para ver este recién estrenado largo de la cartelera y de escribir este nuevo post en el blog, para deciros lo que pienso de ella. Vamos allá.

“Quien te cantará”. (Dir: Carlos Vermut):

Hace 4 años una de las grandes sorpresas del año cinematográfico fue “Magical Girl”, la anterior cinta del director que hoy ocupa nuestras líneas. “Magical Girl” era una película diferente. Era entretenida, porque lo era, y a la vez era retorcida, perversa, extraña, hipnótica, distinta, bizarra; contenía tres interpretaciones de “órdago” (Bárbara Lennie, José Sacristán y Luis Bermejo) y uno de los finales mas poderosos del último cine español. Magnética. Todo un hit. Por eso, los que nos dejamos cautivar por aquella joya teníamos muchas ganas por saber qué es lo que había hecho el director en su nueva película.

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            Y la verdad, con sus diferencias, es que lo ha vuelto hacer. Ha vuelto a crear una obra especial y diferente, llena de originalidad y valentía, y de mil elementos potentísimos que hacen que Carlos Vermut se erija como una de las voces más interesantes del panorama cultural, no solo nacional, sino internacional. A seguir, para los que no lo conozcáis, y a seguir siguiendo para los que ya hemos caído en sus redes.

¿Y qué me ha gustado de “Quién te cantará? Pues muchas cosas:

–         Para empezar esa original trama sobre una diva de la canción amnésica, Lila, que tendrá que acudir a la ayuda de una de sus mejores fans. Violeta, para que le ayude a recuperar su memoria y le permita volver a los escenarios y a esa gira de “retorno” tras haber estado diez años alejada de ellos. Una historia, casi un culebrón, de suplantación de identidades, de juegos de espejo, del poder de creación y de la fascinación del fenómeno fan. Una interesante trama que te tiene en intriga de principio a fin.

–         4 actrices perfectas, sublimes, cada una ideal para su rol. Nawja Nimri está total, Eva Llorach es toda una revelación, Natalia de Molina nos vuelve a demostrar su capacidad para hacer creíble un personaje (y darnos miedo, mucho miedo) y Carme Elías es toda elegancia y todo un “máster en tablas”. No sé que van a hacer este año en los Goya con tanto talento.

–         El poder creador de su director. Su uso de la cámara y de todos los elementos audiovisuales es potentísimo.  Desde cada uno de los encuadres, hasta cada uno de los trajes que llevan sus actrices, los temas musicales, o los elementos de “atrezzo”, todo lo que vemos en pantalla está perfecto. Este peculiar creador que yo definiría como un “cuando Almodóvar encontró a Chabrol”, por su mezcla de “charme kitsch” con negrura de cine casi “hitchkockiano”, tiene una poderosa mano para para “parir” un exquisito y perturbador mundo propio. iUn crack!!!

–         Una banda sonora “absoluta” enriquecida por las sugerentes y salvajes voces de la propia Nawja Ninri y de Eva Amaral, sí, Eva Amaral, la cual “suplanta”, lo cual viene perfecto para la temática de la peli, la voz de Eva Llorach. Dúo de divas.

 

Hasta ahí todo bien. Casi perfecto. Eso sí, si hay que decir algún “pero”, porque no acaba de ser perfecta, y que me hace decantarme más por su anterior, y para mí más redonda, “Magical girl”, es su falta de ritmo a lo largo del metraje. No se hace lenta, para nada, no se hace larga, para nada, pero a veces adolece de cierta tensión dramática que hace que no acabe de rematar totalmente. Quizá una cierta tendencia a la sobriedad, dentro de lo abigarrado de su propuesta, a lo aséptico (su frialdad de escenarios, el abuso de blancos, lo cortante de sus sencillos diálogos, …). En cualquier caso, una minucia para toda una obra tan distinta como buena.

No se la pierdan. Además, no se queja mucha gente de que todo el cine español es igual. Pues vayan a verla y verán como no salen, como mínimo, indiferentes. Y mientras tanto no dejen en pensar en “quién nos cantará y nos hará el amor cuando ya no  estén, quién quiera que sean, nuestros ellos y ellas…”. Buen puente, followers.

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