Bellísima «LA BOLA NEGRA»

Voy el día del estreno a ver «LA BOLA NEGRA». Quiero disfrutarla el primer día para no tener que leer spoilers o mil cosas sobre ella. Quiero verla en blanco o, al menos, lo más en blanco posible. Virgen. Sabiendo lo menos posible. Voy con muchísimas ganas. Muchas, muchas ganas. El hype es increíble. Pero también con muchísimo miedo. Dos son las razones que hacen que vaya tan en alerta…

Una, el exceso de ruido que se ha generado sobre ella. Desde que se estrenó en el festival de cine Cannes, donde ganó el muy codiciado premio al mejor director, siendo, incluso, una de las favoritas para la Palma de Oro, no se ha parado de hablar sobre la nueva obra de Los Javis, siendo aclamada por la crítica y el público allí donde ha sido estrenada, ganando, incluso, otros altamente prestigiosos trofeos, como el del Premio del público de Toronto, donde se proyectan la mayor parte de futuras candidatas a los OSCAR, así como el del público del de PERLAS DE OTROS FESTIVALES de San Sebastián, sección que exhibe lo mejor estrenado en distintos festivales previos. Ahí es nada… Algo que ha colocado a la película en una de las favoritas, muy favoritas, en la próxima temporada de premios, incluido los OSCAR, donde ya ven a la cinta española en la mayor parte de las categorías, no solo en la de película internacional. La pregunta que se generaba en mí tras este «boom» festivalero y de cinéfilo entusiasmo era clara… ¿Realmente es tan buena como dicen?

Dos, me encantan lo que hacen Los Javis. Disfruté «La llamada» a lo loco. Qué decir de «Paquita Salas». Pero en la última y aclamada «La Mesías», que también me encantó, a veces veía demasiada intensidad y exceso, siendo su resultado muy bueno, pero un poco imperfecto para mí.

Finalmente la veo. Ahora entiendo el fenómeno. Es una película redonda. Preciosa. Perfecta. Única. Esto es lo que me parece.

«LA BOLA NEGRA». (Dir: Javier Calvo y Javier Ambrosi. Los Javis):

«La bola negra» es una obra de arte. Un poema visual perfecto en forma y fondo. Más que una película al uso, una experiencia cinematográfica llena de sensibilidad y arte en la que todo funciona a la perfección. Una obra excesiva, barroca, compleja, extraña, pero diciendo esto en el mejor sentido de la palabra. Es excesiva sí, abrumadora sí, pero para bien del espectador, que se ve arroyado por su pasión, su grandeza, su fuerza. Una pieza redonda. Perfecta. Tanto formal como narrativamente, Y, sobre todo, bellísima. Muy, muy, bella.

¿Que qué me gusta de ella? Todo. Absolutamente todo.

Empezamos por su inteligente y fascinante trama, que sigue la historia de tres hombres en tres épocas distintas, que se centra en la gran dificultad de ser homosexual en una sociedad intolerante. No desvelaré de ella nada, porque es mejor saber lo menos posible, pero sólo decir que los hilos de las tres se van entretejiendo poco a poco cual complejo y precioso telar, que, una vez acabado, exhibe la mayor de las bellezas. Todo se va encajando a las mil maravillas desde ese prometedor inicio, hasta llegar a ese apoteósico final, que cierra una obra mayúscula, perfecta. Un cinta que habla de muchas cosas. De la dificultad de una vida homosexual, de los abuelos, del horror de la guerra y del fascismo, de Lorca, de negarse, … Y, en definitiva de vivir y de amar, dos cosas preciosas que la humanidad se empeña en estropear a base de muros, odio e intolerancia.

Me gusta también cada uno de sus apartados artísticos. Todo está cuidadísimo al detalle. Desde esa cartelería, a ese tráiler, a esos créditos… Maravillosos. Siguiendo por esa fascinante fotografía, de belleza extrema. Pasando por esa dirección de arte, que nos lleva a tres épocas distintas, con el mayor de los rigores. Qué decir de esa música, de Raúl Refree, tan desconcertante como afortunada, donde caben tantas cosas, como esa sección de viento metal de tendencia a la disonancia y al desorden, o esa guitarra española, que tanta fuerza dan a la película… Maravillosa su foto, su ambientación, su banda sonora, … Su todo.

El reparto. ¡Ay, el reparto! Perfecto. Nadie desentona en esta obra coral. Donde todos aportan y todos funcionan. Geniales, Bernardeau, Carlos González, Milo Quifes, Lola Dueñas, Glen Close, … Todos lo bordan. Pero, personalmente, hay dos actores que salen mejor parados de entre tanto talento. Uno, Guitarricadelafuente, por la belleza de su personaje, al que el aporta desde su delicada fisionomía tanta tristeza y nostalgia. Fantástico. Imposible no amarlo. Y una Penélope Cruz que vuelve a demostrar su arrojo, fotogenia y talento, consiguiendo que no nos olvidemos de su personaje, cuando apenas sale 10 minutos en pantalla. Su Nené Romero, esa cupletista llena de arte y harta de guerra, pasará a la historia de nuestra imaginería cinéfila. Imposible no amarla tampoco.

Señalar también, esa canción de Guitarrica, en ese momento final, llena de lirismo y sensibilidad, que resume. muy bien la naturaleza de toda la obra y que emociona y pone los pelos de punta.

Así como todos esos momentos de gran cine que planean todo la cinta: esa secuencia de la nieve, esa escena en la taberna, las del casino, las de los militares, los dos números de Penélope, ese inicio brutal, … CINE de palabras mayores, lleno de referencias, Fassbender, Almodóvar, Claire Denis, Daldry, …. De matrícula de honor.

Para terminar, no quiero enrollarme, ese mensaje. Sí, ese mensaje que nutre toda la obra de optimismo extremo, dentro de tanta tristeza, que invita a vivir, a ser uno mismo, a no tener miedo y volar y mirar para adelante con el mayor de los entusiasmos, arrojos y libertades, posibles. Bravísimo.

¡Ah!, y esa frase final que pone de tanta actualidad, todo el horror de no saber respetar a la que no es como yo. Perfecto cierre para una película perfecta.

Preciosa. Magnífica. Bellísima, «La bola negra». Simplemente un 10. Obra maestra. No se la pierdan, mis queridos «hoymevoyalcinemaniacos».

NOTA: 1. Estoy deseando volver a verla.

2. Apunten, le ganará a La Odisea el Oscar a la mejor película. Ahí va mi premonición…

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