Volver donde uno fue feliz.

            ¡Qué bien sienta volver de vez en cuando a donde uno fue feliz! Regresar a donde uno disfrutó a tope y sintió tantas y tan buenas cosas. ¡Qué bien sienta!!! ¡Qué placer le produce a uno!! ¡Cómo te deja!! Lo compruebo estas semanas en las que regreso a uno de los lugares en los que se sostiene mi viajada biografía, Galicia, un lugar tan importante y especial para mí, tan querido y emocionante para un servidor, donde puedo reencontrarme con grandes amigos, de los de verdad, de esos de los que, aunque llevemos años sin vernos parece como si la última vez que nos hubiéramos visto hubiera sido ayer. De esos con los que no hay silencios incómodos, ni momentos de vacío, y con los que la conversación fluye como si nunca hubiéramos dejado de vernos, nunca hubiéramos dejado de conversar jamás, de sentirnos, de estar codo con codo …. Y a los que sigues queriendo como si estuvieran presentes en tu día a día, como si los vieses a diario. ¡Qué maravilla!! ¡Qué felicidad!! Absolutamente plena.

            Siento algo parecido al ver la segunda parte de “El demonio se viste de Prada”. Vuelvo a ser feliz. Me encantó la primera. Una película tan divertida como disfrutable, tan mordaz como gozosa, que me hizo pasar tan buen rato en su estreno, así como en cada uno de sus reversionados. Disfruto ahora a tope de su secuela, que, sin aportar mucho nuevo, me trae todos los elementos que hicieron que disfrutara antaño de aquella tanto. Vuelvo a ser feliz junto a sus personajes y sus tramas en el más frívolo y glamuroso Nueva York. La gozo. Esto es lo que me parece.

“El diablo se viste de Prada 2” / “The devil wears Prada 2”. (Dir: David Frankel):

            “El diablo se vista de Prada 2” es una más que digna secuela. Bien es verdad que no aporta nada nuevo frente a su predecesora, y que repite la fórmula de su anterior filme, paso a paso, pero funciona a las mil maravillas. Porque… quizá ahí radica su fórmula. Quizá ahí se encuentre el secreto de su éxito. Y es que … ¿Para qué cambiar lo que en su día te hizo tan feliz? ¿Para qué modificar lo que te funcionó tanto en su momento? ¿Para qué arriesgar con fórmulas nuevas si ya se sabe qué es lo que necesita su entregado público?

            ¿Y que qué es lo que me da esta secuela que ya me aportó su antecesora? Pues muchas cosas, créanme… muchas cosas.

            Empezando por una buena comedia, tan divertida como amena, con toques de comedia romántica, que se sustenta en un guion lleno de ironía, mala baba y mucho sarcasmo, a base de incisivos y jugosos diálogos, plenos de sentido del humor y de gracia, con una estupenda crítica a ese futuro que estamos construyendo en lo que lo efímero, lo inmediato y lo superficial, está sustituyendo a la calidad y al buen hacer, siempre, como no, en post del maldito dinero.

            Siguiendo, por cuatro actores en estado de gracia, con un perfecto sentido de la comedia. Anne Hathaway, Emily Blunt y Stanley Tucci, están fantásticos. Qué decir de esa icónica Miranda / Meryl Streep, todo un derroche de talento interpretativo… No sólo disfruto de esos cuatro actores sino de sus míticos y grandiosos personajes. Un delirio total.

            Nueva York, ay, Nueva York, un protagonista más en la historia, esa ciudad que es todo un referente para todo cinéfilo que se precie, así como todo un paraíso para el turista más apasionado. Volver a ella, aunque sólo sea a través de la pantalla, mediante sus bellísimas y estéticas imágenes, es todo un goce para el que escribe estas líneas. Me quiero lanzar en cada fotograma de la cinta a su interior y poder recorrer sus maravillosas calles y rincones de nuevo.

            Y ese toque frívolo, el que muestra el glamur, el lujo, el derroche, la belleza, la estética, … que es toda una insignia de la saga y que, para qué engañarnos, es todo un deleite para los ojos. Viajar a la semana de la moda de Milán al golpe del “Vogue” de Madonna es todo un momentazo para todo hípster amante de la estética que se precie.

            Me funciona todo. Me da lo que necesito. Ni más ni menos. Me engancha en todo su visionado. Se me pasa en un plis. Me río. Me emociono. En fin, que no me desprendo de la sonrisa de principio a fin. Que la gozo desde el minuto uno. Y salgo feliz de la sala de cine.

¿Mejor que la primera? Personalmente, no. Pero les puedo asegurar, mis queridos “hoymevoyalcinemaniacos”, que sí igual de disfrutable.

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