Amores que matan.

Es curioso que la casualidad hace que vea esta semana tres películas absolutamente dispares pero conectadas por un hilo común. Las tres hablan de relaciones familiares difíciles, extrañas, en algunos casos casi patológicas, enfermizas, casi perversas… En un caso de pareja, en otros de padres e hijos, pero siempre con la misma relación de a dos. Amores que a pesar del daño que producen, del dolor que provocan, son imposibles de romper porque la sinergia biológica o simplemente de necesidad, la dependencia, está ahí. Inquebrantable, irrompible, inmutable. Para siempre.

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