Voy a ver dos películas que hablan de las opciones de la vida. De las que elige uno y de las que le eligen a uno. De aquellas de las que somos conscientes y arremetemos con ellas con una clara predisposición personal, determinada por motivaciones propias, sean éstas racionales o emocionales. También de aquellas de las que tenemos que hacernos cargo porque la vida no las obliga a aceptar, nos gusten o no nos gusten. De eso va la existencia, de decidir, pero también de adaptarse a lo que decidan por ti. De decantarse por tal o cual camino, dejándose llevar por el raciocinio o, simplemente, por la intuición, o de amoldarse al camino por el que te toca pasar sí o sí, porque así tu destino y tus circunstancias personales te obligan a hacerlo. Hay cosas que uno elige, otras que te vienen sin quererlo ni beberlo.
De eso van las dos películas que decido, de manera racional y porque yo quiero, ir a ver, porque mis circunstancias me lo permiten. Esto es lo que me parecen.

“No hay otra opción” / “No other choice”. (Dir: Park Chan-wook):
De brillante fábula moral califico “No hay otra opción”, comedia dramática, que, a modo de cuento con moraleja, se plantea como una gran crítica al sistema capitalista arrollador y demoledor que hemos creado y al que hay que no queda más remedio que adaptarse, ya que es muy difícil revelarse y enfrentarse a él. Es así, “No hay otra opción”, como dice el título de la película.
Todo, a través de la historia de un hombre que ha dedicado toda su vida a la industria del papel y que verá como su mundo entero se desmorona cuando lo echen y se quede en paro, tomando, para poder sobrevivir en su nueva situación hostil, decisiones extremas que complicarán de manera desmedida su situación y la de su familia.
El resultado, una comedia hilarante, entretenidísima y muy inteligente, con un reparto fabuloso en el que destaca su actor principal, Lee Byung-hun, fantástico como ese hombre desesperado, con el único objetivo de volver a trabajar.
Irónica sátira, llena de humor extremo, visualmente cuidadísima, como todo lo de su aclamado director, narrativamente sorprendente y muy original, y con un mensaje muy potente sobre ese capitalismo atroz que nos acabará devorando.
Eso sí, la encuentro, dentro de su naturaleza notable, un tanto imperfecta. A veces demasiado alargada en sus secuencias. Le falta ser un poco más concisa. Depurada. Pulida. No del todo redonda. Le falta, personalmente, un tanto de sutileza.
La disfruté. Mucho. Hay momentos e ideas brillantes. Suelto varias carcajadas y su metraje y personajes me sorprenden. Pero no conseguí ver la obra 5 estrellas que ven muchos.
Imperfecta, pero inteligente, divertida y diferente. Y con un mensaje de olé. Lo cual, piénsenlo, no es poca cosa.

“La furia” (Dir: Salvador Calvo):
Mucho más convencional encuentro “La fiera”, drama sobre el deporte de riesgo dirigida por Salvador Calvo. Muy entretenido e interesante, más cuando se basa en un caso real, “La fiera” sigue los pasos de un grupo de amigos que tiene en la escalada y la caída libre, así como otros deportes de riesgo, su gran afición.
Aunque no me parezca la panacea, he de decir, que me la veo sin inmutarme. Me atrapa el discurso de estos tipos que necesitan esa manera de vivir, a base de aventura y adrenalina, para que su existencia sea plena. Y su grupo de actores es de lo más solvente, destacando la naturalidad y buen hacer, toda una revelación para mí, del fantástico Miguel Bernardeau.
Paso un buen rato. Me alucino con sus saltos desde lugares vertiginosos e inverosímiles, muy bien grabados o simulados, y me da mucha curiosidad el saber sobre este tipo de vida al límite de la muerte. Es cine, aunque tenga el riesgo como tema principal, menos arriesgado en forma y fondo, pero de lo más ameno y resultón.
Ya ven, unos viven en función de lo que les toca y otros movidos por esa “fiera” que les impide parar. Pero, independientemente de las motivaciones, el caso es tirar para adelante, siempre, con o sin adrenalina.
Concluyendo: Vivan, mis queridos “hoymevoyalcinemaniacos”, tomen las decisiones que tomen, o las tome el mundo por ustedes, pero vivan hasta el final de sus instantes, que el camino, aún con todas sus inconveniencias, merece la pena.
