LINKLATER, la NOUVELLE VAGUE y LA ASISTENTA.

            Hoy uno dos películas que no pueden ser más “random”, como dirían ahora los adolescentes. Pero el azar hace que sean estas las dos últimas cintas que vea en una sala de cine. La primera se llama “Nouvelle vague” y es un sentido homenaje al movimiento cinematográfico que se presentaba con el mismo nombre, todo un ejercicio de cine de autor donde el siempre grande Linklater ha querido mostrar su agradecimiento a todo aquel movimiento de directores que, en honor a la vanguardia, revolucionaron el cine de arte y ensayo. La segunda tiene por nombre “La asistenta”, y es todo lo contrario, cine “palomitero” de lo más comercial y efectivo, tan cuestionable en su uso de clichés y lugares comunes como disfrutable.

            A la primera acudo por su prestigio. A la segunda porque lo está petando en la taquilla. Son totalmente compatibles para un cinéfilo de mi estilo. Tan culturalmente sibarita como existencialmente sandunguero. Las dos me gustan. Esto es lo que me parecen.

“Nouvelle Vague” (Dir: Richard Linklater):

 Que Linklater es un genio, ya lo he proclamado a los cuatro vientos por estos lares. Es un director dotadísimo de inteligencia y creatividad y su facilidad para pasar de un género cinematográfico a otro es absolutamente pasmosa. Después de su notable y ácida “Blue Moon”, se estrena en España su otra más reciente obra, la “Nouvelle Vague” que da nombre a esta reseña, donde el director americano quiere hacer un sentido y divertido homenaje a ese movimiento cinematográfico de la “Nueva Ola”, formado por creadores de la talla de Truffaut, Agnès Varda, Godard, Rohmer, Resnais o Chabrol, entre otros, que, en la Francia de finales de los 50, intentó revolucionar las convenciones del séptimo arte, rompiendo esquemas y moldes del cine más tradicional y de masas.

Y lo consigue. Vaya que si lo consigue. Porque eso es “Nouvelle Vague”: un bonito e inteligente tributo a ese momento de la historia del cine, aunque se centra específicamente en el delirante y provocativo rodaje de Godard de “Al final de la escapada”, rodado con una preciosa y cuidada estética retro en blanco y negro, y con un reparto increíble, que llena de naturalidad a toda aquella fauna parisina que tanto nos ha dado al arte y la cultura.

Me gusta. Por su cuidada imagen, por el enorme talento interpretativo y por saciar mi curiosidad cinéfila ante un momento tan creativo como el que supuso la “Nouvelle Vague” y el rodaje de aquel clásico del cine. Quizá un problema. Peca de frialdad. La disfruto más que me emociona. Veo más su calidad que la vivencio. Eso sí, constato que Linklater puede añadir otra valiosa obra a su carrera. Sigue así Richard, yo seguiré viendo todo lo que hagas. ¡Eres un grande!!!

“La asistenta” (Dir: Paul Feig):

            Que la asistenta está llenando las salas de espectadores y las redes sociales de comentarios es una realidad.  Que todo el mundo tenía el libro en el que se basa este taquillero thriller en la piscina o en la playa este verano, también. Por eso acudo, más casi con curiosidad social y antropológica que cinéfila, a una de las salas donde la proyectan. Llena. Que quede claro. Salgo de dudas ante el fenómeno.

No sé de qué va. Nada de nada. Mejor. No lean ni una línea de su argumento, déjense llevar. Me entrego a este thriller lleno de clichés y trampas, que, de extremo y llevado al límite, a veces me resulta paródico y me hace sacar alguna que otra carcajada, todo esto entre susto y susto, pero que me entretiene a rabiar de principio a fin. Su astuto guion, si entras en sus manipuladoras convenciones del género, que maneja al espectador como quiere, lleno de giros argumentales inesperados de esos que te descolocan y te dejan noqueado, así como su entregado trío de actores, hacen que me enganche desde el primer segundo hasta el final de los créditos.

¿Buena película? Pues no lo sé. Casi me atrevería a calificarlo más como un telefilme de lujo de esos de sobremesa que están llenos de suspense y sorpresas. ¿Disfrutable? Al máximo. No pestañeo. Sobre todo, en su segunda mitad. Y me entrego en cada instante a la máxima de … ¿y ahora qué va a pasar?

Me la devoro. Como un buen plato de “fast food. Siendo consciente en todo momento no estar degustando la alimentación más sana, pero saboreando cada uno de sus sabrosos ingredientes y quedando harto satisfecho tras su deglución. Pues similar o parecido, pero en cine. Ese sería mi veredicto.

Resumiendo. Que van buscando cine sesudo de calidad, creativo al máximo y lleno de sentido y sensibilidad… Decántense por la primera. Que si su opción es un “guilty pleasure” de lo más sexy, alocado y lleno de pulsión “thrilleriana” … Su opción es claramente la segunda. Que aúnan lo gourmet con lo trallero, lo elevado con lo más terrenal, como un servidor, no lo duden y dejen imbuirse y disfrutar de las dos. Avisados quedan, mis queridos “hoymevoyalcinemaniacos”.

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