Mamacruz y las alimañas.

Me hago una sesión doble de cine español. A la primera me acerco por sus buenos comentarios y críticas recibidos desde su estreno en Sundance de este año y porque lo protagoniza la que para mí es una de las mejores actrices de nuestro país, la siempre sobresaliente Kiti Mánver. A la segunda por cuestión de horario. Prefería ver la de Fincher, “El asesino”, pero las sesiones no me cuadran y me decido por ver la comedia nacional más publicitada de los estrenos de esta semana. Una me gusta mucho, la otra no tanto, pero en ambas sigo comprobando la gran diversidad de nuestro cine patrio.

Desde que cruzamos la barrera del 2023 por mis ojos han pasado cintas tan valiosas como diferentes, tan opuestas como disfrutables, tan heterogéneas como recomendables, tan variadas como plausibles, … todas ellas, con una sola cosa en común, haber sido producidas en nuestro país. Desde la sutil y redonda “20.000 especies de abejas”, a la valiente y provocativa “Creatura”, de la sensorial y bella “O corno”, a la divertida y costumbrista “Bajo Terapia”, del creativo y apasionado musical de Trueba “Dispararon al pianista”, a la realista y árida “Matria”, de la original y naif “Las cicas están bien”, a la emotiva y sencilla “Chinas”, sin olvidarnos, por supuesto, de esa la monumental y hermosa última obra de Víctor Erice, “Cerrar los ojos”. Añado a esa lista de lo mejor que he visto este año en nuestra filmografía la divertida y sugerente “Mamacruz”. Vamos con mis impresiones sobre ella (y sobre lo que me pareció también “Alimañas”).

“Mamacruz”. (Dir. Patricia Ortega).

            Disfruto de lo lindo de Kiti Mánver y de su personaje en “Mamacruz”. Como ya he confesado en la introducción, me parece una de las mejores intérpretes que hay en nuestro cine y siempre verla en pantalla es todo un aliciente. Aquí se da el añadido de que le han regalado un personaje bombón a la que nuestra idolatrada actriz sabe sacar jugo, y mucho. De ellas dos, actriz/personaje, es la película.

            Cuenta la historia de una mujer casada y con una hija que vive en el extranjero (su mundo es la danza y pasa grandes temporadas fuera de casa). Es por ello por lo que dedica gran parte de su tiempo a cuidar a su nieta, quien vive con ellos. El resto de su día lo comparte con su profesión/afición, costurera, y con la gran fe que procesa. Es una gran devota cristiana. Su conflicto comenzará cuando vivirá un despertar sexual irrefrenable que le llevará a cuestionarse muchas cosas. Algo que tendrá en jaque a nuestra protagonista ya que su sentido de culpa, provocado por los terribles prejuicios (ella es una mujer madura) y sus arcaicas creencias católicas, le traerán a mal vivir.

             De esto trata esta sencilla, emotiva y muy divertida película, que invita al goce sexual sea cual sea la edad, haciendo un claro y directo alegato al “Carpe Diem”, alentando a aprovechar cada uno de los segundos de nuestra existencia, más cuando estos se han dejado pasar por causas ajenas a la propia naturaleza de la persona, véase en este caso la madurez de nuestro personaje, la rutina en su matrimonio, amén, nunca mejor dicho, de sus terribles y mojigatas ataduras religiosas. Un canto a la libertad, al dejarse llevar, independientemente en que etapa de la vida se encuentre uno.

            “Mamacruz” es luz y la luz debe de brillar, gozar… algo por lo que luchará nuestra heroína en una cinta no redonda, pero lo suficientemente original, amena, emotiva, emocionante y divertida, como para disfrutarse un montón.

            Y qué decir de ese final, tan contundente y alegóricamente mesiánico, como la ardiente paz que el sexo de nuestra protagonista necesita ya. Recomendable.

“Alimañas”. (Dir: Jordi Sánchez y Pep Antón Gómez).

            No me gusta tanto, sin embargo, “Alimañas”. Tenía una cierta curiosidad por esta tan publicitada comedia, pero no estaba entre mis preferencias de visionado. Compro una entrada para ella sólo por cuestión de horario y porque me parecía perfecta como programa de sesión doble junto a “Mamacruz”. La veo y echo alguna risa. Me entretiene y pasa volando. Se agradece su limitada duración. Uno no se aburre, lo cual tampoco es moco de pavo. Pero no me aporta nada. Se puede decir que es una especie de “LA COMUNIDAD meets AQUÍ NO HAY QUIEN VIVA”, pero está muy lejos de la obra de Alex de La Iglesia, más bien parece una versión, con perdón, de saldo.

            La temática es muy similar. Una comunidad y dos hijos esperando a que una anciana muera y puedan heredar, para así echar al resto de inquilinos del edificio y vender tan cotizado inmueble. Pero la cosa no da mucho de sí. Los actores cumplen. Pero la trama se queda a medio gas, entre Pinto y Valdemoro, en el medio de la nada… Le falta emoción y drama. También más sentido de la comedia y de la carcajada. Hay ciertas ideas con gracia. Otras que nada de nada.

            Ojalá me hubiera sorprendido. Me quedaba esa baza. No lo hace. La veo sin más. Ni me resta, ni me suma. Eso sí, disfruto del buen hacer de algunos de nuestros mejores comediantes, Carlos Areces y Silvia Abril a la cabeza. Con ellos y con algunas de las situaciones creadas. Una pena que no haya más foco y esté más trabajada su trama. No me atrapan, pues, ni puedo recomendarles fervientemente, mis “hoymevoyalcinemaniacos”, tales “ALIMAÑAS”. Me quedo, sin duda alguna, con la genuina «Mamacruz» y sus ganas de gozar. ¡Eso, siempre!!!!

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