El buen hacer de Víctor Erice:

            Víctor Erice es una leyenda. Con tan sólo tres películas y un documental en su haber (amén de varios cortos) se ha ganado el reconocimiento de la cinefilia nacional e internacional. Ha necesitado pocos trabajos para forjarse un importante lugar en el panorama cinematográfico internacional. Su cine lleno de poesía, misterio y verdad ha conseguido no sólo calar en el exigente público de su país, sino que ha logrado convencer más allá de nuestras fronteras, adquiriendo un gran reconocimiento allá donde va. Su nombre se asocia a talento, a sensibilidad y buen hacer. Eso sí, su obra se ha dilatado en el tiempo y lejos de sentirse arrollado por la sobre exposición, Erice ha optado por ir dando forma a sus ansiados proyectos poco a poco, convirtiendo cada estreno en casi todo un acontecimiento.

            Y este era el sentir que había con “Cerrar los ojos”, última obra del director vasco, que fue presentada en el último festival de Cannes y ante la cual había una gran expectación. Llegó y no defraudó. Al contrario, triunfó. Y así, el autor de esas obras insignias de nuestra filmografía, como lo son “El espíritu de la colmena”, “El sur” y “El sol del membrillo”, volvió a convencer a entregados y escépticos, con una obra considerada por muchos como lo mejor del último Festival de “La Croisette”. Esta semana puede al fin verla yo. Esto es lo que me pareció.

“Cerrar los ojos” (Dir: Víctor Erice):

Iba con cierto recelo y miedo a ver la última obra del maestro Erice. Su larga duración (3 horas) y mi intuición me hacían pensar que no iba a ser mi película. Casi acudo por rigor periodístico, el que también me alienta muchas veces en este blog. Me equivoco de lleno. Salgo fascinado con este drama sobre el peso y la importancia del pasado, del valor de los recuerdos y del cine como ese arte mágico capaz de hacerlos eternos en el tiempo.

Su trama llena de misterio y de poesía terrenal, con ese guiño meta-cinematográfico de cine dentro del cine, me atrapa desde el primer minuto. Trata la historia de un director que investiga la desaparición de uno de sus actores fetiches con el que colaboró en su última obra. Mejor saber poco más. Recomendable dejarse llevar por su suspense…

El resultado es una cinta llena de sensibilidad, belleza y misterio. Una obra de carácter contemplativo, de cadencia pausada, pero que nunca se hace lenta. Al contrario, seguiremos a este crepuscular director metido a detective en esas sus andanzas para encontrar a su objetivo con devoción y alta atención. Nos atrapará el saber qué fue del desparecido intérprete. También será un imán para nosotros el enigma que emana nuestro protagonista principal, casi otra trama en sí misma. Al igual que el de ese filme por acabar.

Hay verdad en cada escena. También belleza. Pocos diálogos, pero precisos, certeros, decisivos. Los secundarios que van apareciendo, también captan nuestra atención en este puzle por completar, rompecabezas por descifrar. No es una peli de acción, para nada, sino de emociones y sentimientos, y su perfil detectivesco es una mera excusa para hablarnos del valor de los recuerdos en nuestro presente. Cine de emociones, al fin y al cabo. Del peso de nuestro ayer en el hoy. También es un ejercicio de amor al cine. Se siente por los cuatro costados (ese homenaje a “Río Bravo”, por ejemplo) y los que lo amamos tanto lo percibimos en cada uno de sus fotogramas.

Hay que destacar la precisa dirección de su director. Su acertada concatenación de austeras escenas, llenas de alma. Su sencillez formal y narrativa, pero llena de miga, de magia. Su bella partitura, que capta nuestro oído y estruja el alma. Pero mi mayor aplauso es para sus dos actores. Manolo Solo nunca estuvo mejor y su interpretación es de premio allá donde los haya. Lo mismo Coronado, impecable como ese secundario de lujo, atención a esa mirada. A ambos pertenece la película. Sin ellos no sería nada.

Aplauso aparte merece ese sentido y perfecto final, que cierra el círculo y que, desde ya, formará parte de la historia de nuestro cine. Redondo donde los haya.

En definitiva, un sobresaliente “coming back”. Cine de autor, absténganse exclusivos consumidores de cine comercial, la cosa requiere de trabajada cultura y sensibilidad, de pacencia sensorial y visionado reflexivo. Una peli que fascina, que atrapa. O al menos a un servidor, quien, sin esperar mucho de ella, salió con su alma absolutamente entregada, feliz y noqueada.

AVANCE: También he visto lo último de Woody Allen, genial, y de Koreeda, más que genial (en unos días hablo de ellas). Si os gusta el cine, «hoymevoyalcinemaniacos», no os las perdáis.

2 comentarios sobre “El buen hacer de Víctor Erice:

  1. Me suena el nombre, pero no sabía que solo tenía 3 pelis…
    Años 70, 80 y 90… y 30 años después, la 4ª??
    Espero que no toque esperar 10 años, porque tiene buena pinta, la anotamos…

    Últimamente, te veo finalizar mucho los posts con eso de ‘en el próximo capítulo…’
    jejeje muy cinematográfico, o de serie de éxito, como es este blog!!

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