A por la estatuilla dorada.

Se abre la veda. Empieza la carrera. Se calientan motores. Y todo se pone en marcha para la temporada de premios. Empieza el “3, 2, 1, … vamos”. El “preparados, listos, ya”. El “Ready, steady and go”. Llega le Otoño y las productoras empiezan a sacar su artillería pesada. Muestran a la luz sus “criaturas” más preciadas, sus “engendros” favoritos y predilectos. Sus grandes películas de la temporada. Con una única misión: arrasar en la temporada de premios y, por ende, en la taquilla, o en casa, que ya sabemos, “oh, ¡my God!”, cómo está el tema de los estrenos en pequeña pantalla bajo demanda.

Los Oscar están a la vuelta de la esquina y todos quieren uno. Y si pueden ser más, pues mejor. Y nosotros, de paso, los cinéfilos, disfrutamos de cine de mucha calidad y variedad y empezamos a hacer nuestras quinielas, nuestras listas de preferidas para el galardón, nuestro personal grupillo de “favoritas” y “decepciones”, … Hacemos nuestras cábalas, nuestras timbas, a modo de casino cultureta, decidiendo quiénes serán nuestros “caballos ganadores”, nuestros “farolillos de oro”, y, ya de paso, que es de lo que se trata, disfrutar de gran cine.

Y si todos desean una estatuilla dorada, NETFLIX, más. Lleva años queriendo llevarse el gato al agua. Lo ha intentado con “Roma”, con “El irlandés” e “Historia de un matrimonio”, con “Mank” y “El juicio de los 7 de Chicago”, entre otras muchas, pero el galardón al mejor filme del año se le resiste. Y vuelve a la carga a intentarlo de nuevo. Estrenando los filmes grandes, en cines (estreno limitado) y en su plataforma (si pueden véanlas en pantalla grande, por favor, como yo, no hay color), que nos tiene preparados para este año. Vamos con dos de ellos, que he visto esta semana. Fantásticos ambos.

“Tick, tick…BOOM!” (Dir: Lin-Manuela Miranda):

Gozoso encuentro este musical rodado por el último “niño mimado” de Broadway, Lin Manuel Miranda, basado en la vida de otro grande de la mítica calle de Manhattan, Jonathan Larson, otro genio del mundo del musical, que, a pesar de morir con corta edad, dejó para la historia uno de los musicales más celebrados en el mundo del “show bussiness”, el multipremiado, híper representado y taquillero, “Rent”. Aquí, el autor de “Hamilton”, nos cuenta el proceso de creación en el que se vio inmerso el malogrado Larson cuando intentaba poner en marcha su obra “Superbia”, momento muy importante de su vida personal, que le sirvió como germen creativo del que sería su siguiente gran montaje “Tick, tick, ¡… BOOM!”.

  Todo ello a través de una cinta que habla del proceso de creación y de las múltiples preguntas que un autor ha de contestar, no sólo en relación con la obra que está “engendrando”, sino también de la vida. ¿Crear o no crear? Esa es la cuestión. ¿Y vivir o no vivir? Esa es la otra. El amor, la amistad, la obligación, la pasión, el ser uno mismo, el renunciar a serlo, … ¿Ponerle alas o jaulas a la vida? ¿Dejarse llevar o llevar a dejarse? Muchas son las cuestiones que se hace y trata de dar respuesta nuestro protagonista, el cual está maravillosamente interpretado por el que es uno de los mejores, personalmente, actores jóvenes vivos del planeta, si no el mejor, el fantástico Andrew Garfield, el cual se mete de lleno en la piel, dando todo un recital interpretativo-musical, de este joven artista que luchaba con uñas y dientes para ver su obra en un escenario.

Una buena historia, un buen reparto, una buena y original puesta en escena, meta-teatral y muy efectiva, y buen puñado de números musicales al más puro estilo BROADWAY, hacen de esta cinta que tenéis en NETFLIX, todo un disfrute de lo más recomendable. Yo terminé de verla y ya quería volvérmela a poner. No digo más.

“EL poder del perro” / “The power of the dog”. (Jane Campion)

            Y si “Tick, tick, ¡…Boom!” me gusta mucho, “El poder del perro” me encanta, me pirra, me maravilla, me fascina, me enloquece. La mano magistral de Jane Campion, directora de mi venerada “El piano”, tiene a bien a regalarnos este fabuloso crepuscular western emocional o drama de emociones situado en el Oeste americano, tampoco sé muy bien cómo definirla, en torno a la relación de dos hermanos, tan opuestos como dependientes, que verán como su devenir vital se complique cuando uno de ellos decida casarse con una mujer, quien a su vez aporta al matrimonio un hijo ya crecidito.

            El resultado: una fabulosa película, lenta y llena de sensibilidad, con poco diálogo y menos acción, pero llena de capas, subtexto y mucha inteligencia, que habla de la masculinidad tóxica y de la sexualidad reprimida en un mundo “testosterónico” en el que la muestra de cualquier debilidad era sinónimo de ruina. Una cinta que habla de emociones ocultas, deseos y sentimientos más escondidos aún, de miedos, de inseguridades, de lujuria, de culpa, de ser y no ser uno mismo y de lo que esperan de uno los demás, de sobrevivir, al final siempre eso, en un mundo difícil, áspero y rudo. De eso y de muchas cosas más. Todo a través de un largometraje que hay que degustar de manera sosegada, minimalista en forma y fondo, pero que se presenta como toda una lección de cómo hacer buen cine sin demasiado aspaviento ni efecto rimbombante. De manera seca, directa, real.

            De hecho, todo desprende verdad sin dejar de ser hipnótico, incluso poético, perturbador, desasosegante, y, lo cual aún ensalza más a la cinta, está rodado con un sentido de la belleza y de la sutileza, absolutamente descomunal. Cada plano es perfecto, cada nota de la partitura, cada recoveco de su fotografía, cada línea de su guion. Todo. Por no hablar de ese acertadísimo reparto que dota de absoluta convicción a cada uno de sus personajes, y en el que sería injusto no señalar a un excelso Benedict Cumberbatch, quien se entrega en cuerpo y alma, literal y figuradamente, a un personaje tan extremo como difícil de interpretar. “Chapeau, Doctor. Strange. Chapeau!”.

            En definitiva. Redonda. Brillante. Absolutamente 10. Al menos para este sensible ser, totalmente enamorado del cine (y de la vida).

NOTA: He visto también “Spencer” y “Libertad”. Muy recomendables igualmente, por si estabais pensando en ir a verlas. Pero hablo de ellas en unos días. ¡Hasta entonces, pues, mis queridos «hoymevoyalcinemaniacos»!!!

2 comentarios sobre “A por la estatuilla dorada.

  1. Leo que Benedict se metió en el papel de Phil durante todo el rodaje
    Y no quiso salir de él… madre mía! Eso tiene que ser duro psicológicamente
    Algunos actores han tenido problemas con esto :S
    Un Grande!

    A Andrew, es que lo veo, y siempre veo a Peter Parker 😀
    No sé, quizá no le sigo demasiado jeje
    Creo que va a darlo todo haciendo de marido predicador

    Anotamos ambas!

    Le gusta a 1 persona

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