Esta semana cumplía 50. Así, a bocajarro. Casi sin enterarme. Un día te ves jugando en el patio del colegio y en un plis plas te asaltan 5 décadas. No me importa. Lo celebro con la misma alegría con la que festejé los 18 años. A tope. No tengo miedo a la edad. Al contrario, celebro seguir en este mundo, no olvidemos que un montón de gente se queda mucho antes por el camino, y poder seguir disfrutando a tope de esta cosa maravillosa que se llama vida. Me lanzo al disfrute convencido de seguir apasionándome con cada momento de los que puedo vivenciar. Es por ello que me siento como un privilegiado, un hombre afortunado, que seguiré regocijando y estrujando cada uno de los instantes de los que me permita mi existencia. Ojalá viva mucho. Eso, sí, bien (no temo a la muerte, pero sí a la enfermedad y a la vejez). Y pueda seguir apasionándome con toda esa cantidad de maravillas que me da este planeta y llenan absolutamente mi realidad diaria…
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