El cine español y la muerte digna.

Es curioso como este año se han estrenado en nuestras carteleras tres películas que en cierta medida tratan el mismo tema: la muerte digna. De el despedirnos de una manera no dramática y trágica de este nuestro efímero devenir existencial, sino de la manera más honrosa y menos exhaustiva, dolorosa y eternizable, posible. Afrontar de cara, a bocajarro, sin miedo ni rencores, ese final inevitable para el que todos deberíamos estar preparados, aunque cueste tanto hacerse a la idea.

Primero llegó “Los destellos”, ese bonito canto a despedir a nuestros seres queridos, haciendo de la vida algo más interesante desde el momento en que somos conscientes de que la muerte es una evidencia y está ahí para recordarnos que tenemos una fecha de caducidad. Bello drama el de Pilar Palomero, austero, directo, sentido…

Luego llegó el no menos austero, directo y sentido, filme de Almodóvar, “La habitación de al lado”, con ese par de amigas reencontradas y en total comunión por un fin común, el de poder decir adiós al día a día de una de ellas, a modo de rebelión contundente contra la mísera dama de la guadaña.

Ahora nos llega, y veo, la muy esperada “Polvo serán”. Esto es lo que me parece dicho filme, mis queridos “hoymevoyalcinemanicos”.

“Polvo serán”.  (Dir: Carlos Marques-Marcet).

Tenía muchas ganas de ver “Polvo serán”. Las críticas eran fantásticas, su director Carlos Marques Marcet es un referente de calidad y la idea de hacer un musical sobre la muerte me parecía de lo más atractivo, amén de que ganó el prestigioso premio PLATFORM AWARD del no menos prestigioso festival de cine de TORONTO.

Vista. Y he de decir que entiendo las críticas positivas, pues es una buena película; que Carlos Marques-Marcet me sigue pareciendo un creador con ingenio, inteligencia, valentía y originalidad; y que la idea de hacer un musical sobre la muerte me sigue pareciendo fantástica. Pero no acabo de entrar en la película. Y me da rabia, porque las ganas que tenía de verla eran enormes. Me explico.

Cuenta la historia de una mujer que recibe la noticia de padecer un cáncer terminal, la cual decidirá acabar con su vida de una manera digna antes de que la enfermedad la arroye, para ello irá a Suiza, donde le acompañará su marido, para estar con ella en el proceso y acabar también con su vida, como acto de amor definitivo, algo que pondrá en jaque a su familia.

La historia es interesante. Hay tema candente y posible debate. Me encanta su defensa del amor absoluto y total, así como del de morir con dignidad, sin esperar al deterioro radical y alargado en el tiempo. Los actores, Ángela Molina y Alfredo Castro, están estupendos. Que sea un musical es una genialidad y los números musicales ídem de ídem (ese número en el tanatorio, olé). Pero no conecto cuando no cantan y bailan. Las escenas habladas son demasiado intensas, basándose en eso de que son artistas de profesión, y me falta un poco más de cotidianidad, de normalidad, si es que la normalidad existe, en los mismos. No sé explicarlo, pero cuando debaten sobre su conflicto, me alejo. Me resultan un tanto insufribles.

Salgo insatisfecho del cine. Quería amarla. No lo hago. Veo momentos muy brillantes, pero otros no me engancho. Me gusta más la propuesta que su materialización.  La intención que el resultado. Me quedo a medias. Quería recomendarla apasionadamente. No puedo. Mi honestidad me dice que no la disfruté tanto como hubiera querido o como lo han hecho otros muchos otros, que esto no deja de ser mi visión personal, no lo olviden (para muchos es una de las grandes películas españolas del año).

La vida, como la muerte, te da sorpresas. El cine también. Sea, como en la existencia, para bien o para mal.

Pues eso, a disfrutar de la vida, que son dos días y en cuanto menos te lo esperas, el final del camino llega. Gocemos pues, mis queridos “hoymevoyalcinemaniacos”.

Claquetómetro Semanal.

                Pues así quedarían mis preferencias de la cartelera previo estrenos…. Buen finde, amigos.

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