Me sigue alucinando la capacidad que tiene el cine, y el arte en general en su sentido más amplio, de emocionar, refiriéndome con este término a la competencia que tiene éste para generar diferentes emociones. El rango de registros emocionales que uno puede sentir durante el visionado de una película es enorme y va desde la alegría, a la tristeza, pasando por la nostalgia, la rabia, la conmoción, la felicidad, la pena, el miedo, enfado, sorpresa, culpa, seguridad, asco, … y, todo lo contrario
Y es que el cine, como el arte en general, insisto, siempre tiene esa fascinante posibilidad de presentarnos propuestas, historias, tramas, personajes, … que no dejan de sorprendernos y de provocarnos todo tipos de estados emocionales y sentimientos. Y sin dejar nunca de asombrarnos. Siempre existe esa película, u obra de arte en su más amplio sentido, que nos sorprende, nos deja anonadados, atónitos, por la novedad u originalidad de su idea. Voy a ver una de ellas. Me quedo un tanto en shock ante la que venía precedida por ser una de las películas del año. Aquí os comparto mis impresiones sobre “La zona de interés”, de Jonathan Glazer.

“La zona de interés”. / “The zone of interest”. (Dir: Jonathan Glazer):
Si algo tiene el director británico Jonathan Glazer es que nunca te deja indiferente. Son pocos los largometrajes que ha dirigido, pero puedo aseguraros de que ninguno de ellos me haya provocado, me haya gustado más o menos, indiferencia. Es un director lleno de creatividad e inteligencia, de pasión por lo que hace y amor por el riesgo, que no busca el lado confortable de la creación, sino, al contrario, que siempre lleva al límite las fronteras de su autoría, dando lugar a obras radicales y ajenas a lo convencional. Así lo demostró en la interesantísima “Birth” y en su fascinante, para mí toda una joya inclasificable del último cine, tan bizarra como atractiva, “Under the Skin”. Vuelve a dejarme en KO técnico con esta su última obra, favorita para ganar el Oscar a la mejor película extranjera, si Bayona y su, más clásica pero también fantástica, “La sociedad de la nieve” no se lo impide, llamada “La zona de interés”.
Y es que si algo tiene esta su nueva y valiosa obra es su propuesta, tan original y potente, como angustiosa y desasosegante. ¿Y en qué consiste? Jonathan Glazer nos traslada al campo de concentración de Auschwitz en plena segunda guerra mundial. Pero no a su interior, sino a su zona extramuros, donde el comandante Rudolf Höss y su esposa Hedwig viven su día a día. Un día a día para ellos inmejorable. Veremos cono cenan suculentos platos, se bañan y disfrutan del río y la piscina, dan paseos a caballo, mantienen animosas conversaciones de pareja, trabajan por la creación de un hogar de ensueño con un perfecto jardín, de… olvidándose en todo momento del exterior. Y de ahí lo perturbador de la idea, ya que el director centrará su cámara en las rutinas de nuestra familia protagonista, quienes se ven felices en su realidad, sin mostrar nunca lo que ocurre dentro del pegado a su hogar campo de concentración.

El que no grabe dentro de Auswitz no quiere decir que no sintamos su horror, y de ahí lo brillante y demoledor de la propuesta, ya que, en todo momento, desde el segundo uno al último de la cinta, el fuera de campo será casi más protagonista que lo que vemos en primer término. Los efectos sonoros y ciertos e inteligentísimos efectos visuales harán que el contraste entre la tranquila rutina y llamativa felicidad de los miembros de esta familia y la terrible barbarie y el incomprensible horror del holocausto, nunca mostrado, sino sólo sugerido, sea demoledor. Atónitos visualizaremos la frialdad y la deshumanización de esta familia que apenas se inmuta a lo que ocurre a dos metros de ellos y el resultado es, créanme, es de lo más impactante.
Una propuesta inteligentísima que se ve reforzada por las soberbias decisiones de su talentoso director: esa fotografía hiperrealista, casi documental, verista al máximo, que hace que parezca que estás viviendo el sinsentido en tiempo real; ese reparto, que en ningún momento te hace pensar en trabajo actoral sino en personas reales (destacar a la inmensa, éste es su año, Sandra Hüller); esa música, escasa en minutos, súper presente en efectividad, de Mica Levi, perturbadora e inquietante al más no poder; esa increíble producción que hace que hay planos de maestría formal y metafórica…
En fin, una arriesgada y sobresaliente obra, en forma y fondo, muy recomendable y que no dejará indiferente a nadie. Si bien es verdad, que gustándome muchísimo como me ha gustado, me pierdo en ciertos detalles, sobre todo en su parte final. Saco mis conclusiones, quizá no son las correctas. Y salgo, conmocionado, pero sintiendo que un segundo visionado no le vendría nada mal.
Cine autoral distinto. De ese que no te deja indiferente. Al contrario. Que te noquea y te vuelve a dejar patente ese lado oscuro que tiene el ser humano. La monstruosidad detrás de las almas comunes. El horror tras la supuesta normalidad. La oscuridad tras la luz. La banalización del mal. Esa que llevan a cabo todos los que no tienen escrúpulos. Y lo terrible de todo es, que no son pocos… Lo cual, sigue dando mucho miedo.

NOTA: No dejen de analizar sus brillantes e inteligentísimos carteles, puras obras de arte.
Hola Felipe,
Visiono una película que no te deja indiferente. Una película que te cuenta todo sin contarte nada. Creo que es una película desagradable y el director juega a confundirnos con esos saltos temporales. No obstante, me encanta ese final donde el cuerpo si es consciente de la monstruosidad del alma.
Un abrazo
Carlos L
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Una peli llena de desasosiego. Pero también de inteligencia. La de contárnoslo todo pero sin mostrárnoslo. Brillante.
Gracias por leerme y comentar.
Un súper abrazo.
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