Enormes actrices. Complejas películas. Próxima parada los GOYA (Parte 2).

Y si el otro día dedicábamos nuestro post a ese dúo de magnéticos actores, David Verdaguer y Enric Auquer, protagonistas de las maravillosas “Saben Aquell” y “El maestro que prometió el mar” (no se las pierdan si no las han visto ya, ¡fantásticas!!!)), hoy dedicamos nuestro post a dos firmes candidatas a la nominación en la categoría a la mejor actriz. De hecho, dos de las más favoritas.

Si hasta ahora ya hemos podido disfrutar de las maravillosas interpretaciones de María Vázquez, como esa currante lidiando con la vida y la mala suerte en la Galicia más gris e industrial, en “Matria”; de Patricia López, como esa madre perdida ante la complejidad de ser progenitora y, por qué no, también de ser hija, en “20.000 especies de abeja”; de Carolina Yuste, como esa entregada y enamorada esposa, amén de magnética cantante en ciernes, en “Saben Aquell”; y de Kiti Mánver, tratando de manejarse con ese desenfrenado despertar sexual en su edad madura, en “Mamacruz”; todas ellas maravillosas, insisto, por mencionar algunas, … ahora son Laia Costa y Malena Alterio las que se unen al ansiado grupo de las favoritas para alzarse con una nominación.

Es curioso que ambas protagonizan dos películas que son adaptaciones de dos inclasificables novelas de nuestra literatura, que dan lugar a dos no menos complejas películas, que te gustarán más o menos (a mí ambas me gustaron mucho), pero que se caracterizan por dos grandes interpretaciones de dos de nuestras más versátiles y aplaudidas actrices.

Vamos con ellas, mis queridos “hoymevoyalcinemaniacos”.

“Un amor”. (Dir. Isabel Coixet).

            Si ha habido una novela a la que yo le haya tenido ganas esa era “Un amor”, de Sara Mesa. Finalmente, ese momento llega y la consigo leer este verano. No puedo decir que no me guste. Pero me deja frío. Su árida y fría prosa, así como su contundente historia, no me deja conmocionado, o, al menos como yo esperaba. Una pena, porque iba entregado.

            No me ocurre lo mismo con la adaptación de Isabel Coixet. No sólo percibo que ha conseguido trasladar maravillosamente en imágenes el texto mencionado, sino que le ha sabido añadir el extra de la magia de su mejor cine. Conecto con la película de principio a fin. Es fiel a la historia. La de esa chica, Nat, que abandona toda su vida anterior, para retirarse a un pueblo donde tendrá que lidiar con sus nuevos vecinos de tal rural naturaleza, en su mayoría hombres, y donde entablará con uno de ellos una relación sexual de lo más volcánica e inesperada, más cuando empieza de la manera menos convencional posible, que se complicará cuando las emociones broten a flor de piel. También hay un perro, SIESO, muy importante en la historia.

            No hay, ni en la novela ni en la película, espacio para las contemplaciones. Todo se cuenta de la manera más directa, seca y descarnada posible. A pesar de que habla del poder de la carne, entre otras muchas cosas, pues sexo hay mucho. Coixet muestra con desenvoltura y sabe muy bien lo que quiere contar. Además, le aporta poesía, sin dejar de ser nunca extremadamente realista, a la historia. Las imágenes son veraces y bellas. Austeras y rudas, como el mundo que muestra, pero llenas de sensibilidad.

            No es una cinta sencilla. Ni tampoco para todo el mundo. Su protagonista es de una naturaleza para nada convencional y no será del gusto de todo espectador. Yo sigo sus pasos con intriga. No sé muy bien qué hace en ese pueblo, ni tampoco qué guía sus decisiones, pero yo quiero saber de ella hasta ese nada previsible final.

            El personaje de Nat es de una gran complejidad, insisto. No menos la interpretación de Laia Costa. Ella lo borda. Su paso por la pantalla no sería igual sin sus partenaires de reparto. También perfectos ellos. Hovik Keuchkerian, Hugo Silva y Luis Berdejo. Mi absoluto plauso para los cuatro.

            Lo dicho. Cine independiente y diferente de gran calidad. Provocador y polémico. De tránsito nada sencillo. Yo disfruto de su metraje de principio a fin, me gustan los viajes “heavies”, algo que no conseguí del todo con la novela. Y vuelvo a disfrutar de la mejor Isabel Coixet, la que a mí me gusta. Deseando su nuevo proyecto con Penélope Cruz. Espero que salga magia.

“Que nadie duerma”. (Dir. Antonio).

No había leído en este caso la novela de partida (es otra adaptación literaria), pero conocía perfectamente al autor de ésta, Juan José Millás. De hecho, soy muy fan de su prosa llena de inteligencia e ironía, con ecos a Auster (por eso del universo metaligüístico), así como de ausencia de lógica “kafkiana” y con el humor más absurdo posible, algo que recuerda al mejor Ionesco o a Samuel Beckett. De hecho, reconozco su esencia en el guion y, sobre todo, en la trama de la historia.

“Que nadie duerma” nos cuenta, con un fantástico uso de las elipsis, la caída y resurgir de una chica normal cuando ésta es despedida de su trabajo. A partir de ahí el reinventarse. Y en ese reinventarse el estar en contacto con nuevos compañeros de vida. La historia de un salir hacia adelante. Y de un deseo, el de reencontrase con “Calaf”, un vecino al que conocerá por casualidad, y que le hará obsesionarse con la ópera TURANDOT. A partir de ahí una historia tan cotidiana como imprevisible y salvaje.

Hay estilo y solvencia en la mano de su director, el muy venerado (aunque yo no controle tanto su filmografía) Antonio Méndez Esparza. Se ve que se maneja en el mundo de ironía y mala baba que también expresa en palabras el magnífico Juan José Millás en sus textos. También hay misterio e intriga en esa historia tan cotidiana como marciana. Tan de aquí y ahora, como extraña. Me engancho a todo su suspense. Quiero saber qué será de nuestra protagonista. Y hacia donde devendrá su historia.

Y es que ella es el gran acierto del filme. Roberta. A ella pertenece su metraje. A esa chica normal, ayer informática hoy taxista, obsesionada con un hombre, su “Calaf”,  y un aria de ópera, el “Nessun dorma”, o “Que nadie duerma”, del “Turandot de Puccini. Una Roberta que no sería nada ni nadie si Malena Alterio no le dedicara cada centímetro de su cuerpo y cada expresión y emoción de su alma. De ella es el gran éxito. De su interpretación entregada. Ella es el alma de esta «dramedia» tan disfrutable como extraña. Nada común. Un tanto marciana.

Para mi recuerdo Roberta y Malena. También su historia. Imperfecta, quizá un poco en su más abigarrado tramo final, pero tan original y magnética, que a mí bien me merce mi entrada.

Lo dicho, mis queridos “hoymevoyalcinemaniacos”, sigan disfrutando del fantástico cine español que tenemos en cartelera y de sus no mejores actores. Corran al cine, que pronto son los GOYA. Y así, ya se sabe, hagan sus apuestas….

2 comentarios sobre “Enormes actrices. Complejas películas. Próxima parada los GOYA (Parte 2).

  1. Hola Felipe hay un dicho que dice pueblo pequeño, infierno grande.Un amor me ha parecido perfecta ,de una complejidad cargada de matices y de unas interpretaciones tan aparentemente naturales que son excepcionales.La otra que casualmente también he visto, aunque la interpretación de Malena es lo mejor sin duda, como historia no me engancho, sobre todo la parte final ,en cuanto la ves con el peinado ,es demasiado previsible.Un fuerte abrazo

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    1. “Un Amor”, a mi también me enganchó de principio a fin, cosa que no conseguí con la novela. Es una obra muy compleja e interesante.
      La de Malena, estoy de acuerdo contigo de que pierde fuste y originalidad al final, y te la ves venir. Aún así, me gusta y me resulta original, más con el trabajo de Malena.
      Un abrazo fuerte.
      Y gracias por leerme.
      Felipe.

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