Veo en mi última sesión doble de cine dos películas que no tenía muy en el radar, pero que me animo a ir a verlas porque los comentarios que no dejo de leer en las redes sociales sobre ellas (las redes tienen también sus cosas positivas, pues claro que sí) son de lo más positivos. Todo un acierto. Las dos me gustan un montón. Me encantan. Dos películas europeas (una francesa y otra española) que hablan de lo difícil de las relaciones personales. La familia y la pareja en estado máximo. En estado puro. Con todas sus contradicciones. Todas sus cosa buenas y malas. De como se pasa del amor al odio, del cariño al desamor, de la alegría a la pena, de la risa al llanto, … cuando en lo relacionado a personas que uno más quiere se refiere. Dos películas que vuelven a demostrarnos que el verano no es sólo para blockbusters y que hay sitio en la cartelera para el mejor cine de autor, independiente y diferente. Para todos los gustos vaya. Yo, desde luego, salgo encantado de vere ambas y ambas, por supuesto, os las recomiendo. Vamos con ellas, mis queridos “hoymevoyalcinemaniacos”.
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