De pizzas, nazis y amor por el cine.

            Sí. De pizzas, nazis y amor por el cine. De eso va mi última y “random” tarde de cine. No tenía muy claro qué ver. Me dejo llevar por ciertos comentarios leídos y alguna que otra recomendación de tipo verbal, de esas que empiezan con un … “Oye, me han dicho que está bien esa que se titula…”. Acierto. No veo dos obras maestras, pero sí dos películas tan opuestas como con elementos positivos suficientes como para disfrutarlas, más cuando vuelvo a tener tiempo después de un periodo de estrés y de mucho trabajo, que me había tenido un poco ajeno al cine y al disfrute personal.

            Qué mejor que una sesión doble de cine, con un café en medio con la mejor de las conversaciones. Tarde perfecta. Tiempo libre, amistad y fotogramas. Esto es lo que me parecen las dos cintas que veo.

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El difícil y bonito papel de ser padre.

Después de una temporada de bastante trabajo y estrés, vislumbro una tarde libre de cine. No me apetece nada difícil, complejo, ni sesudo, … Nada que me obligue a pensar demasiado ni a sufrir otro tanto. Quiero dejarme llevar por la magia del cine, pero disfrutando de su lado más sencillo y llevadero, más comedido y ligero. Relajarme, vaya. Elijo, por este motivo, dos películas que, a priori, no me van a exigir demasiado mentalmente y de las que no espero muchísimo, sólo el enorme placer de hacerme pasar un buen rato de cine, que no es poco.

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