Un “biopic” de Michael Jackson. Del rey de pop. De ese juguete roto de la fama y del dinero que vivió a golpe de hit y de titular en los tabloides. A base de cifras millonarias y demás hitos, amén de millones de cuestionamientos, secretos, mitos y leyendas. Había curiosidad. O al menos yo la tenía. Yo, y por lo que he visto, mucha, mucha gente, porque este fin de semana ha reventado la taquilla…. Somos muchos los que hemos acudido en el “weekend” de estreno a llenar las salas, algo que, para un cinéfilo de pro, como el que escribe estas líneas, no me pude alegrar de manera más extrema, me guste más, o menos, la película. El público está volviendo a los cines. Y yo no puedo estar más contento. Como puedo celebrarlo, pues hablando de cine, que es, con verlo, lo que más me gusta. Así que, sin más rodeos, os cuento lo que me parece….

“Michael” (Dir: Antoine Fuqua):
“Michael” es a Michael Jackson lo que “Bohemian Rhapsody” es a Queen. Una película biográfica más pensada para el gran público que para la exigente crítica, ideada claramente para la gran masa más que para el entrenado cinéfilo, acabando por terminar siendo algo tan superficial y comercial, como súper efectivo y disfrutable. ¿La gozo? De principio a fin. ¿La veo con interés? Del minuto 1 al último, es más, no pestañeo. ¿Es una buena película? No tanto. Y no porque no sea una cuidadísima producción, que lo es, en el que cada detalle está más que estudidado, ¿no? Tampoco porque no haya unos numerazos musicales, así como un sentido del espectáculo brutal, que te dejan sin sentido, porque los hay. Sino porque narrativamente no indaga en los verdaderos conflictos que hicieron ser a Michael Jackson quien es, sino que nos los muestra de manera un tanto superficial y poco rigurosa sin indagar ni generar una mirada inteligente y concisa del que fue, sin duda, el rey del pop. Tira más a telefilme de cuidado diseño que a fabuloso dramón de OSCAR. Más a buen continente que a excelso contenido. Es mejor en forma que en fondo…
Eso sí, se disfruta, a rabiar, vaya que se disfruta…
¿Y por qué? ¿Por qué se disfruta? Pues por muchos motivos. Uno, por el interés que genera su figura, que lo tiene, a raudales. Dos, por su música, tanta buena música que permite recordarnos tantos, tantos, hits que los de, al menos mi generación, tanto hemos disfrutados. Tres, por tantos momentos de nostalgia, como ese en que se estrenó THRILLER… ¿Se acuerdan? Y, porque igual que no profundiza, tampoco molesta, se ve con agrado e interés.
Por eso y, sobre todo, por el actor que lo encarna. Lo que hace Jaafar Jackson, sobrino del artista, es absolutamente increíble. Alucinantemente inimaginable. No veo en ningún momento al actor. Veo a Michael Jackson. No es una interpretación. Es una mímesis. Su físico es casi idéntico. Qué decir de su voz… (véanla en VO si pueden, no lo duden, fliparán) … Su lenguaje corporal, exactamente el mismo. Alucino en cada segundo que aparece en pantalla. Me hipnotiza. Me vuela la cabeza. Sin desmerecer al resto del reparto, que está fantástico, ¡ese Colman Domingo como padre!, ¡ese Michael Jackson de niño!, lo que hace es un verdadero prodigio.
Voy en familia. Nos gusta un montón a los cuatros. Sin ser una gran película, nos hace disfrutar de la magia del cine y de la música. Y salgo de la sala deseando ver la segunda parte, así como bailando. Lleno de Flow. De beat. De feeling …
No me parece un sobresaliente, pero sí todo un gozo, que es distinto. No les puedo decir otra cosa. Ya me dirán qué les parece si la van a ver ustedes, mis queridos “hoymevoyalcinemaniacos”.

100% de acuerdo, muy telefilm pero es imposible no ponerse a cantar y a bailar: el Michael Jordan del baile
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