Una de las pocas cosas maravillosas que tiene el volver de vacaciones es que un servidor regresa al cine. Sí. Lo hago con el ansia del que en los últimos días no ha podido pasar por una sala oscura y con el mono del que tiene por adicción el placer cinéfilo, ansiedad que se multiplica por dos, por tres, o por cuatro, cuando ves que tienes un montón de títulos por ver en la cartelera que se te han ido acumulado con los estrenos de estos últimos y festivos días. Es mi caso, ese el del quien tiene una lista larga de títulos que necesita ver ya mismo y que no ha podido disfrutar durante estos días de descanso.
Mi regreso no puede ser mejor. Voy a ver lo último de Sorrentino y las muy comentadas “Altas capacidades” de Víctor García León. Las dos me gustan un montón. Siendo dos películas opuestas, porque lo son, las dos hablan de la condición humana, haciendo un certero análisis de ésta desde dos puntos de vista totalmente opuestos, el drama poético, no exento de muchísimo humor, y la comedia satírica. Las dos me funcionan. Mucho. Esto es lo que pienso de ellas.

“Altas Capacidades” (Dir: Víctor García León):
Disfruto mucho con “Altas Capacidades”. Ya no tanto porque sea más o menos entretenida, sino porque es muy certera, aguda y eficaz en su análisis de la condición humana, o, mejor dicho, de la estupidez y de la mediocridad de los seres humanos, poniendo para ello el foco en una pareja que empieza a tambaleársele todo cuando deciden cambiar de colegio a su hijo, de un público a un híper privado de prestigio (hasta el momento), justificando de ese modo su incapacidad a la hora de dominar a su hijo, alguien que lo único que necesita es que le pongan límites, así como su deseo snob de pertenecer a una clase social de la que no forman parte pero les encantaría, en un quiero y no puedo lleno de ironía, de mírame y no me toques.
El resultado: divertido, mordaz, ácido y muy certero, conozco gente alrededor como muchos de los personajes que se ven en pantalla, así como muy inteligente en su crítica al ser humano, patético en su falta de ética y de honestidad, así como lleno de impostura y apariencia. Y tiene para todos: para los nuevos padres, tan obsesionados en hacer a sus hijos especiales, que hacen que estos se conviertan en auténticos cretinos y verdaderos monstruos, queriendo que sus descendientes sean diferentes a toda costa, pero, en el fondo, deseando que los que sean especiales sean ellos mismos. Pero también tiene estopa de la buena para esos nuevos ricos, que llevan a sus hijos a centros exclusivos con el único objetivo de que sus vástagos no se relaciones con gente de otra clase social, creando en muchos casos guetos donde en ciertas ocasiones el racismo, el sexismo y el clasismo, sobrevuela a manos llenas con total impunidad.
Fantástico el guion, con mucho sabor a Azcona. Fantástico su trío de actores. Marián Álvarez e Israel Elejalde están que se salen. Qué decir de ese Juan Diego Botto, parte la pana, perfecto como jefe despiadado, con mucho dinero, pero poco corazón, ejemplo claro de que tener pasta gansa no es siempre sinónimo de elegancia y buen hacer.
Me divertí. Muchísimo. Me hizo reflexionar. Más. Y me afirmó en mi intento de ser un ser de lo más normal, así como en ciertas decisiones de mi paternidad. Llevo convencido a mis hijos a un público, precisamente porque quiero que estén lo más ajenos a tanto esnobismo, tontería y superficialidad, tengan, como plantea muy inteligentemente la película, o no tengan, “Altas capacidades”.

“La Grazia” (Dir: Paolo Sorrentino):
“La grazia” también habla de la condición humana, pero a través de un drama lleno de poesía y bellísimas imágenes, marca de la casa SORRENTINO, que sigue los pasos de los últimos días en el cargo del presidente de la república italiana, quien se encuentra en un momento de enorme zozobra emocional y personal, cuando éste mira al pasado en lo que a su vida emocional se refiere y ha de tomar una decisión de gran calado, la firma de una ley de eutanasia, así como dos casos de indulto, en lo que a sus últimos días como político se refiere.
El resultado, un gran retrato de un hombre en su “puesta de sol”, a través de muchas situaciones curiosas y estudiados diálogos, de gran calado existencial, puesto en escena a través de unas imágenes de enorme belleza, a las que nos tiene ya acostumbrados el maravilloso director italiano. Eso sí, un Sorrentino contenido, de corte clásico, austero, más minimalista, menos barroco, dentro de su fascinante manera de encajar personajes al límite, diálogos tan apasionados y surrealistas como llenos de miga, con la mejor de las combinaciones de música e imágenes.
Una cosa más. Tony Servillo. De 10. Un actor maduro. Impecable. Magnético. Pluscuamperfecto. Como ese hombre que intenta abandonar un ayer y que, lo más importante, duda…
Bella. Poética. Sentida. Llena de chicha. Original. Decadente como la Roma que retrata. Divertida. Diferente. Auténtica. Crepuscular. Nostálgica. Llena de “GRACIA”, nunca mejor dicho. Y, por ende, muy recomendable para el amante del cine de autor de sensibilidad máxima.
Nada más, mis queridos “hoymevoyalcinemaniacos”. Solo un consejo. Vayan al cine, por supuesto, y, lo más importante, no traten de ser esnobs, nunca, tiendan a la normalidad, si es que ésta existe, y, lo más importante, duden… La duda hace grande al ser humano, mostrando su vulnerabilidad y su parte más de verdad. Palabra de un tipo normal de lo más cinéfilo que siempre duda de todo.
