Yo quiero ser un chico Almodóvar.

            Como decía la canción, “Yo quiero ser un chico Almodóvar” …. Bueno, y en cierta medida creo que lo soy. Apasionado, alocado, peculiar, cultureta, sensible hasta decir basta, con una vida de lo menos común y acomodada, más bien eléctrica y frenética, amante de lo estético y del color, de la belleza y del arte, … y entregado a la vida, a la belleza y al amor. Qué decir a la música y al cine. Y a la pasión… En fin… Y como buen “chico Almodóvar” últimamente no paro, ando a lo loco, como “vaca sin cencerro”, que diría Pedro, de acá para allá, de la ceca a la meca, de oca a oca y tiro porque me toca… Sin freno, sin parar, …. Por ello que os haya tenido un tanto abandonados últimamente, mis queridos “hoymevoyalcinemaniacos”, y tenga varios temas de los que hablaros… Que si de los Oscar, pendiente, que si de los castores de PIXAR, pendiente, que si de Torrente presidente, pendiente, … pendiente, pendiente, pendiente, … y de tantas cosas más.

            Lo haré. Lo prometo. Poco a poco. A lo largo de los siguientes días os iré desgranando mi opinión sobre todos esos temas. Pero hoy, le quería dedicar mi post de vuelta al encumbrado director manchego, nuestro autor cinematográfico más internacional, del que sabéis soy un absoluto fan y cuyo estreno de cualquiera de sus filmes me parece todo un acontecimiento.

            Pues allí me planté este fin de semana para ver su último largometraje, el cual tuve la suerte de ver en un pase especial con la presencia del propio Almodóvar, el que estuvo a un escaso metro y medio de mí. Me encantó verlo, escucharlo y aprovechar para soñar con que algún día me llame, en mi otra faceta, la de actor, y participe como protagonista, secundario o lo que sea, en una de sus creaciones. Como si me llama de jarrón. Pedro, si llamas, allí estaré.

            Pero como eso me temo no llegará nunca, me limito a escribiros lo que me pareció su última obra, la muy comentada y aclamada “Amarga Navidad”. Esto fue lo que me pareció.

“Amarga Navidad” (Dir: Pedro Almodóvar):

Una película de Almodóvar son muchas cosas. Es una historia original y distinta. Es ese color. Esa fotografía maravillosa y esos planos para el recuerdo, de esos que un amante del cine nunca se olvida. También es ese sentido del humor tan genuino como cotidiano, tan terrenal como cercano. Y es ese maravilloso uso de las canciones. Y esa banda sonora, generalmente del pluscuamperfecto Alberto Iglesias. Es ese original vestuario, firmado por diseñadores reconocidos, que se mueve entre lo vintage y lo estrambótico. También esos decorados de ensueño. Esos maravillosos muebles. Esas estancias. Esos personajes al límite en busca de paz emocional. Esas ideas tan originales como plausibles. Tan personales como arrebatadoras. Esas referencias culturales tan sutiles como perfectas. Esa transgresión, en la que sexo y drogas tiene mucho que ver. Esa sensibilidad. Esa debilidad. Inseguridad. Esa pasión. Esos actores perfectos de los que el creador saca todo su jugo consiguiendo actuaciones memorables … El universo Almodóvar son muchas cosas y “Amarga Navidad” me da mucho de todas ellas. Y, en ese sentido, disfruto mucho de su visionado.

También la disfruto mucho “Amarga Navidad” desde el punto de vista racional, desde el momento en que se erige como un inteligente relato meta cinematográfico que habla de la auto ficción como un recurso tan poderoso como vampírico, a través de una gran idea en el que el alter ego del director se ve claramente retratado, así como auto criticado, creando un relato lleno de espejos muy inteligente, valiente y brillante.

            Me encanta la idea. También los actores, todos perfectos, con una Aitana Sánchez Gijón impresionante. Así como la presencia de cada uno de los elementos arriba mencionados. Hay color, muebles, objetos y estancias maravillosas, planos para el enmarque, diálogos e ideas brillantes, actores maravillosos, sensibilidad, pasión, otra impecable partitura de Alberto Iglesias, canciones de las que ponen los pelos de punta, humor “Almodovariano” de carcajada, tanta comedia como melodrama, … y todo lo que uno pueda esperar en un filme de Pedro. Pero su guion, como me viene pasando en los últimos filmes de Pedro, no me acaba de rematar. Lo encuentro un poco inacabado, imperfecto. No me acaba de sublimar. Me gusta. No me encanta.

Me resulta un Almodóvar notable. Maduro. Reflexivo. Inteligente. Sobrio, aunque hay más cachondeo que es sus anteriores filmes. Inteligente. Autocrítico. Filosófico. Existencial. Y muy, muy interesante, si te gusta el proceso de la creación, como es mi caso. Para mí una buena obra, no la mejor. Con su siempre frecuente belleza estética. Con su más que demostrada originalidad. Pero no tan redonda como los filmes de su inicio, eso que me hacían salir del cine vibrando.

La disfruto y la veo con ojos abiertos, oídos desplegados. Admiro su facilidad para sorprenderme. Me dejo arrollar por la belleza de cada uno de sus elementos. Disfruto con cada uno de sus actores. Así como esa escena final absolutamente climática que cierra el círculo y vuelve a iniciar la película/relato.

En definitiva, un buen Almodóvar. Personalmente, no el mejor. Que espero disfruten si van al cine a ver su “Amarga Navidad”. Yo, ya, deseando que anuncie su nuevo proyecto. Y, quién sabe, a lo mejor me encuentro en su reparto. Por soñar que no quede, mis amados “hoymevoyalcinemaniacos”, y más, cuando se habla de cine. Palabra de apasionado cinéfilo soñador y, por supuesto, “Almodovariano”.

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