Sundance siempre ha sido ese festival que tiende a descubrir esas joyas del cine independiente americano que nos harán disfrutar a lo largo de todo año. Cine de bajo presupuesto, que no proviene de grandes “majors”, pero rebosante de buenas ideas, mejores guiones, espectaculares actores y, en definitiva, de buen cine que es de lo que se trata. De sus programaciones han salido películas como “Whiplash”, “Boyhood”, “Pequeña Miss Sunshine”, Coda”, “Déjame salir”, “Reservoir Dogs”, “Antes del amanecer”, “Memento”, “Sexo, mentiras y cintas de video”, “Frozen River”, “Winter´s bone”, … entre otras muchas. Películas maravillosas, llenas de originalidad, buenas ideas y frescura.
Me acerco a ver la que fue una de las sensaciones del año pasado. Curiosidad por ver qué es lo que me provoca.

“Sorry, baby” (Dir: Eva Víctor):
Había leído muchas cosas buenas de “Sorry, baby” desde su estreno en la anterior edición del Festival de Sundance. También oído, como las sentidas palabras de elogio que le dedicó Julia Roberts en la anterior edición de los Globos de Oro a su directora. Había ganas de verla.
Me gusta. Es una comedia dramática, o drama con tintes de comedia, que se dedica a hablar de las consecuencias de un tema traumático, pero desde un punto de vista muy original y lleno de sentido del humor. Sin quitarle en ningún momento importancia, para nada, su directora se dedica a denunciar un tema peliagudo, pero restándole dramatismo y con mucha ironía, evitando la lágrima y buscando la complicidad, la sonrisa. El resultado no por más desenfadado y cómico, menos denunciante, para nada, es igual de condenatorio y contundente. También emotivo. Agridulce.
Sus aciertos, aparte de la historia y cómo ha sido llevada al guion, son su aura de cine “indie” del de toda la vida, lleno de minimalismo y esencia naif, su inteligencia desde la sencillez y una actriz/directora fantástica.
Me atrapa la historia de nuestra protagonista, Agnes, mujer de enorme madurez, inteligencia y sentido del humor. También las de los que la rodean. Y disfruto de esa sencilla película, pero llena de inteligencia y enjundia. Lejos de parecerme el “peliculón”, no es mi caso, se llegó a ver como finalista en los OSCAR para mejor película, sí que me entretiene, engancha, hace pensar y me divierte, así como me parece una buena película, más cuando toca un tema de fondo tan peliagudo. Sencilla pero compleja. Sin rodeos, directa, pero certera. No necesita más, para hablar de un tema tan duro.
Me gustó, insisto. Y disfruté de su aroma de “drama indie de Sundance”. De ese tipo de cine, tan propicio en el seno del Festival, y que, a un servidor, tanto le gusta, le encanta. ¿Será porque soy tan “indie” como el Festival? ¿Quién sabe? Sea por lo que sea, seguiré disfrutando de todoeste tipo de cine que pueda. Palabra de apasionado del cine, en general, vaya.
