La “Palma de Oro” de Cannes y el CARPE DIEM de Chuck.

Y seguimos con ese aluvión de estrenos interesantes que se amontonan en el mes de otoño y que tienen al apasionado, y entregado a las salas, cinéfilo más feliz que una perdiz, deseoso de tener sus propias impresiones de algunos de los títulos de la temporada e, incluso del año. Esta vez tocaba la última “Palma de Oro” de Cannes, la aclamada cinta del iraní Jafar Panahi, “Un simple accidente”, así como una de las cintas que más gustó en TORONTO, la comedia existencial que invita a aprovechar nuestro paso por estos lares “La vida de Chuck”.

Había muchas ganas de las dos. Las dos me gustan mucho, pero no me encantan.

“Un simple accidente” / “A simple accident” (Dir: Jafar Panahi).

            Reconozco el mérito de “Un simple accidente” y de todos los factores que le han llevado a ser la flamante ganadora de la última edición del Festival de Cannes. Veo su fuerza, su necesaria denuncia política (a esos gobiernos islámicos autoritarios que en nombre de Alá y del régimen se permiten hacer todo tipo de atrocidades), así como su enorme potencial de thriller. De hecho, la premisa de partida me parece fantástica. Un simple accidente, el que da título a la película, pondrá en contacto de nuevo a una víctima y a su torturador, lo que provocará un aluvión de acciones concatenadas que involucrarán a un grupo de personas en busca de venganza y redención, que no tendrá vuelta atrás.

            Sigo la historia con atención, me lleno de rabia por los hechos que denuncia, me dejo arrastrar por su bien tramada naturaleza de thriller y no pestañeo hasta su última y fantástica escena final, inmejorable. Hay humor muy negro, mucho suspense e inteligentes giros de guion, y su historia es tan original, altamente reivindicativa, como sorprendente. Pero me resulta demasiado intensa. No la acabo de encontrar redonda. Su principio, su desarrollo y su última escena, chapó, pero el tramo final se me hace demasiado reiterativo y gritón y hay decisiones de guon que no acabo de entender del todo.  Me agita un poco. Lo que me lleva a sacar la siguiente conclusión: una muy buena película, necesaria, como todas las que denuncian ese tipo de atrocidades, pero no redonda. Notable plus, más no sobresaliente. Pero esto siempre es una opinión absolutamente personal, no lo olviden. Para muchos es una película magna o incluso obra maestra. Juzguen ustedes.

“La vida de Chuck” / “The life of Chuck” (Dir: Mike Flanagan).

            Algo similar me pasa con “La vida de Chuck”. Le tenía muchas ganas. Y de hecho me gusta y no dejo de ver sus positivos valores. Pero no me encanta como esperaba que me ocurriera. Habla de la muerte. O de la vida como “esa espera”, hasta que llegue el final de los días, a la que tenemos que sacarle el jugo a tope, llenando cada segundo de todo tipo de vivencias y experiencias, en una clara invitación al CARPE DIEM, antes de que te digan que te quedan unos meses para palmarla o se te lleve por delante un accidente.

            Se centra en el peculiar personaje de Chuck, sobre el que gira la historia y en torno al que se conectan un montón de personajes. Lo cuenta de una manera muy original mezclando comedia dramática con realismo mágico, muy a un estilo americano, que a mí me recordó un montón a “Forrest Gump”, sin tener ambas nada que ver. Habla de conexiones cósmicas, de potentes momentos vitales, de Whitman y su poesía, de fantasmas del pasado que vuelven y del final apocalíptico del mundo. Todo ello en tres capítulos inversos, que van al revés, en la que un montón de cosas están conectadas.

            Aplaudo su originalidad, su diferencia, su claro mensaje de “tío espabila que el día son dos días”, hay escenas mágicas como la del baile, es un producto genuino y nada convencional, y la disfruto, mucho. Pero no me desquebraja como debería hacerlo con tan valiosos elementos. La veo. La disfruto. Pero sin tener mi absoluta alabanza. Hay gente que la súper aplaude, que le encanta. Yo la sé apreciar y su mensaje, como siempre que se habla de esos temas, me cala. Pero no, por así decirlo, me mata. Dicho está.

            Pues esto sería. Así que, al cine, que hay muy buenas películas … Y a disfrutar de la vida, si las circunstancias políticas y sociales se lo permiten, que está el mundo para un “punto y final”, que la vida son dos ratos y no hay que disfrutarlos, no, hay que súper gozarlos. Palabra de un súper disfrutón que goza todo lo que puede y le dejan.

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