Diario de confinamiento #4. ¡El gran salto!!

Seguimos igual. En fase 0. Al menos los que vivimos en Madrid. Con deseo de dar “el gran salto” (como en aquella película de los Cohen) a la fase 1 cual Indiana Jones en cualquiera de sus aventuras. Ya hay ganas. Nosotros, como el Doctor Jones también queremos conseguir nuestro codiciado tesoro. El juntarnos con algunos de nuestros cercanos, al más puro estilo “Los amigos de Peter” pero con un más alentador final, tomarnos una caña en una terraza, visitar un museo o librería, sea o no la de Coixet … Lo que sea. Todo nos vale. Y es que la vida del confinamiento (en mi caso el “confitamiento”; he vuelto a engordar, a pesar de que he salido varios días a correr y he hecho una especie de dieta, está claro que nada acertada, ¡¡¡malditos kilos de más!!) empieza a parecer “El día de la marmota”, incluso, si me apuras, de “El día de la bestia” (no por terrorífico, sino por eso de perder el sentido de la realidad). Vivimos como Bill Murray, encerrados en una especie de día que se repite y repite. Se lleva bien, porque hay responsabilidad y prudencia (y mucho sentido del humor, optimismo y ganas, eso siempre), yo soy muy bien mandado y cumplo las normas a rajatabla, pero ya hay cierta necesidad de juntarnos con nuestros seres queridos, aunque sea para darnos unos “almodovarianos” abrazos rotos, en la lejanía, con mímica muy “chapliniana”, por expresiva, aunque distante. No necesitamos aún un loco guateque e imitar al genial Peter Sellers, aunque volveremos a corrernos una buena juerga, terminemos o no como los de “Resacón en las Vegas”, eso seguro, pero ahora no viene mal una cerveza en una terraza y si puede ser con una tapita de jamón, mejor, o “Jamón, jamón” como le gustaría pedir al ya difunto Bigas Luna. Ansiamos la normalidad y la rutina. Y el cine. Volver a una sala, la luz apagada, el ruido del proyector y el ver, al fin, el título con el que llevas soñando mucho tiempo. Yo no veo el momento. Es enorme la lista de películas que me muero de ganas de ver, y que veré, estoy seguro, y pronto.

Echamos mucho de menos esos mágicos instantes, cual “Shakespeare in love” echa en falta su inspiración. Como a él, nos falta nuestra musa. Pero quién nos iba a decir a nosotros que esa musa iba a ser la tantas veces maldecida rutina. A la que en muchas ocasiones hubiéramos aniquilado cual Tarantino a sus “malditos bastardos”. Insisto. Deseamos que vuelvan ciertos momentos, instantes. Muchos. Y valoramos más aún, cual Terrence Malick en su filmografía, las pequeñas cosas que hay en nuestra vida pero que hacen de ella algo tan grande. En mi caso muchas. Pero volverán, estoy seguro de que volverán. Y recordaremos este aciago tiempo, como aquel año tan raro que nos tocó (sobre)vivir y que siempre quisimos, aunque no pudimos, olvidar, o, como decía aquella película, “El año en que vivimos peligrosamente”.

 

  1. Lo mejor y peor del confinamiento:

Ya no puedo sacar muchas conclusiones, como en diarios de confinamientos anteriores, sobre la situación. No hay mucha más chicha que rascar y se va apagando un poco el sentido del humor. Pero sí puedo destacar qué está siendo lo mejor y lo peor de estos días.

Lo mejor, sin duda, es el encuentro y reencuentro a través de videollamadas y teléfonos con nuestra familia y amigos. Es curioso que un virus que nos ha aislado absolutamente nos ha unido más a nuestros queridos seres. Hemos vivido intensamente nuestras relaciones cercanas. Vía digital, sí, pero de manera igualmente intensa. Celebrar una fiesta de cumpleaños vía “Skype”. Echar una competición a un juego vía “Zoom”. Tomar el café “mañanero” a través del ordenador, de la Tablet, del móvil. Aunque en la mayor parte de los casos no entendamos nada. Todos hablamos y reímos a la vez a lo loco. Pero da igual. Todo ha valido y molado, es más. O, incluso, hemos ido más allá, reencontrándonos con personas de las que hace mucho tiempo no sabías. En mi caso, por ejemplo, con la maravillosa gente con la que participé en el 93 en la Ruta Quetzal. Un chat nos ha puesto de nuevo en contacto y ha vuelto a reavivar la genial “odisea”, por grandiosa y emocionante, en la que tuvimos la suerte de participar. Puede ser que no fuera tan arriesgada como la del arqueólogo del arca perdida y el templo maldito (y eso que tuvo sus peligros, muchos), pero, para nosotros, sí igual de intensa. Mágica. Inigualable. Irrepetible. Muchos son los adjetivos que podríamos poner. El gran Miguel de la Quadra nos unió y el destino nos sigue manteniendo cerca. Como en el cine, habrá segunda parte, y tercera, muchas entregas, al menos eso espero… Seguro que sí. El Quetzal y Miguel estarán siempre con nosotros.

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                  Lo peor, el ver que no llega el final. Que el cartel de “The end” no aparece. El rótulo de FIN. Esa escena final en la que vemos como unos científicos, han descubierto el antídoto, y la población vuelve a su paz. Y salimos del cine tan contentos. Lo mismo necesitamos en nuestra vida. Una solución. Pero llegará, como en cualquier película, por muy larga que sea y/o complicado su obstáculo a resolver, ese final llegará.

 

  1. De cine y series:

Poco que decir del tema cinematográfico / series. Como ya comenté en “Diarios del confinamiento” anteriores, los peques se han apoderado del mando y hay poco que comentar. Y cuando consigues que se vayan a la cama, el mundo del ronquido y de la cabezada se apodera de manera despiadada de uno en el sofá y no le da tregua para película que valga. La edad. Es lo que tiene. Así que, nada que hacer. Y esto es lo poco o mucho que ha dado de sí estos días en cuestión de fotogramas.

 

  1. “Fuera de Radar” / “The Un-listed”:

Vemos esta serie de 15 capítulos de ciencia ficción orientada para el público más bien juvenil en NETFLIX. No me gusta. Nada. Al menos a mí. Una pena, porque la idea no era mala. La población de Australia ve como sus jóvenes habitantes se ven sometidos a un experimento que pretende controlarlos al introducirles un microchip y crear así especie de robots serviciales que permitan a las clases altas y adineradas someter al total de la población. Una idea a medio camino de “Inteligencia artificial” y “La ola”, pero que no acaba de convencer. Todo está sobreactuado, llevado al límite y uno, por mucha ciencia ficción que sea, no se traga ni un minuto de lo que pasa. La terminé por deseo de mis hijos. Es lo que tiene la paternidad, uno se entrega a todo. Pero no veía el momento de que tal espantoso serial llegara a su punto final, pasara lo que pasara, me daba igual. Sólo quería que terminara. Con eso lo digo todo.

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2. El reto Marvel:

Después de volver a ver las sagas de “Piratas del Caribe” y “Spiderman”, decido empezar con mis hijos a ver todas las pelis de MARVEL, pero en orden cronológico, no de fecha de estreno, sino en función de los hechos que ocurren en la trama. Llevamos siete, son 22 (hasta ahora), y sólo puedo decir que está siendo un placer “re-visionarlas” de esta manera. El montón de detalles que ahora pillas y que yo me perdía en el cine, al ver todo en perfecta cronología temporal, es alucinante. Os lo recomiendo, fans “marvelianos”. Al menos, yo estoy disfrutando de nuevo muchísimo, como un enano, diría incluso, con Iron Man, Capitán América, Hulk, la viuda negra, Thor, Capitana Marvel y demás cuadrilla. Ya os comentaré el resultado al terminar una vez finalizado el reto. Queda mucho “Marvel”, felizmente, aún por delante.

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3. Los programas de postres:

Y también por mis hijos me entrego a los programas de postres. Ya sé que esto no es muy cinéfilo, pero como no hay estrenos de los que hablar, pues bienvenidos sean. No sólo me entrego, sino que me engancho a ellos de manera incontrolada. Son adictivos, como el azúcar que desborda por sus imágenes. Ya hemos visto varias temporadas de “Sugar rush” y “Zumbo´s just desserts” (ambas en NETFLIX) y sólo puedo deciros, si os gusta cocinar, que no os los perdáis porque se disfrutan de lo lindo. Ver construir virguerías de la repostería a profesionales y amateurs del “arte de la galleta y del bollo” engancha más que cualquier dosis de nicotina en plena adolescencia y se disfruta más aún. Desde luego, les confieso sin pudor alguno, yo y mis peques lo gozamos. Sólo un problema, segregas saliva en cada entrega a mansalva y terminas cada capítulo con ganas de saquear no la casa de la moneda, como los de “La casa de papel”, pero sí cualquier pastelería cercana. Ah, no, que no puedo, que estoy a dieta.

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 ¡Maldita realidad!! Pero…, eso sí, ¡Bendita rutina!!! Vuelve pronto. No tengas miedo. Te estamos esperando con los brazos abiertos.

 

¡Hasta pronto!

 

 

 

12 comentarios sobre “Diario de confinamiento #4. ¡El gran salto!!

  1. Qué maravillosa entradilla al mensaje de hoy. Grande!
    Jugando con los títulos de las películas jejeje Cómo te lo pasas!
    Ya veo que empiezas a estar “Desperado” jejeje

    Como dice mi amigo emeritense: “paso patrás, paso perdío”
    No sé si volverás a tener el mando de tu casa, (si lo tuviste alguna vez)
    pero el de la TV ya te digo yo, que no 🙂
    Amor paterno-filial se respira en esa casa…

    Yo estas modas de retos y tal, tengo Facebook pero no entro nada,
    no acabo de verlas… es una nueva forma de ver las sagas Marvel,
    y todo lo que sea ver, pues está bien…pero es como con StarWars y
    el famoso orden ‘machete’, pero si sirve para pillar nuevos ‘easter-eggs’
    que dicen los ingleses, pues bienvenido sea…

    A disfrutar de la fase 0,5, qué aunque no sean grados de cerveza,
    siempre quedamos dispuestos a los futuros “encuentros en la tercera fase”
    jejejej

    Abrazos, bloguero y “feliwers”, todos “confitados”…

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    1. El optimismo sigue adelante. Además, cada vez veo más cerca el volver a un cine. Está ahí a la vuelta de la esquina, consiga o no consiga el mando de la tele, cosa que veo imposible. iJe!!!
      Un abrazo grande, contrablogger.
      Felipe.

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  2. Excelente entrada te has marcado querido amigo. De nuevo una gran píldora de optimismo que nos regalas a los que te leemos cada semana.

    Y siguiendo tu ritmo tenemos que decir que estamos en total desacuerdo con Dorothy en El Mago de Oz con eso de que “Se está mejor en casa que en ningún sitio” porque estamos deseosos de salir sin restricciones y reencontrarnos con seres queridos. También estamos hartos de ET con lo de “Teléfono… Mi casa…” y queremos más libertad!.

    Un abrazo o somo diría Terminator “Hasta luego, baby”

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