La honestidad, ante todo

Veo dos películas en la misma tarde que, curiosamente, comparten tema de fondo. Las dos hablan de la honestidad, de la verdad, de ser fiel a uno mismo, a sus principios, a sus sentimientos. Las dos me encantan. Tanto por el tema que tratan, un lema que yo comparto en mi vida, como por la manera en que lo hacen. Soy un defensor acérrimo de ser honesto con uno mismo. Ser fiel a los principios, ideales y sentimientos personales. Enfrentarse a la existencia cada mañana con la verdad por delante. Sin trampas. Sin dobleces. Sin fisuras. Aunque bien es verdad que, a veces, es muy difícil o, incluso, imposible hacerlo. Son tantos nuestros condicionantes, tan determinantes nuestras circunstancias y tal alto el precio que uno tiene que pagar por ser consecuente con uno mismo, que no es tan fácil llevar adelante nuestro lema vital en muchas de las situaciones que esta maravillosa, a la par que complicada, vida nos plantea cada dos por tres. En muchos casos cedemos. Por no hacer daño, por no herir, por no buscarnos problemas, no tener complicaciones y, en cierto modo, ser más felices (¿o no?). Dejamos la honestidad a un lado intentando, de este modo, no complicarnos la existencia. Los protagonistas de las dos películas de las que hablaré ahora no lo hacen. Son fieles, o al menos lo intentan, a sus ideas, a sus creencias y a sus sentimientos, aunque eso suponga vivir un calvario, un auténtico “vía crucis”, que determinará su vida (y la de sus allegados) para siempre. Vamos con ellas.

 

“Vida Oculta” / “A hidden life” (Dir: Terrence Malick):

“Vida Oculta” es la nueva maravilla de Terrence Malick. Para los que no sepáis quien es este inclasificable autor, se trata de uno de los directores más auténticos y con un sello más personal que tenemos en la actualidad. Alguien que siempre rueda sus proyectos en el máximo de los secretismos y que tiene, aparte de un estilo visual poético y onírico muy reconocible, una línea temática normalmente común a todas sus cintas, la existencia del hombre. Fe, razón, Dios, el ser humano, la belleza de nuestro universo, el existencialismo, las contradicciones humanas, la filosofía y, en definitiva, la vida, son algunas de las obsesiones que pululan por cada uno de sus largos. Aquí lo vuelven a hacer a través de la historia de un austriaco que tras enamorarse y formar una bonita familia decide, al llegar la II Guerra mundial y anexionarse Austria a Alemania, no rendirle fidelidad a Hitler. Se declarará insumiso en el conflicto bélico. Algo que le llevará a un camino de sufrimiento, a un verdadero horror, para él y su familia, en el que no sólo será tachado de antipatriota por todos sus vecinos y allegados, no solo será apartado de su sociedad, repudiado e insultado, sino que será juzgado y encarcelado. Él, en principio, llevará sus principios y creencias (la religión juega un papel muy importante en la cinta) hasta sus máximas consecuencias, hasta que la tortura para él y para los suyos sea una verdadera penitencia. Será el momento de tomar una decisión que ponga en jaque su honestidad o su existencia. Una trama de lo más interesante (más aún cuando sabes que está basado en un caso real) que es llevado a la pantalla por Malick a través de un raudal de creatividad y buen hacer a través de su híper reconocible estilo: voz en off, filosóficos y existencialistas diálogos, bellas imágenes e igual de bella música. Malick vuelve a crear un poema visual, un collage de imágenes y música, maravilloso en el que durante casi tres horas reflexiona (y tú con ello) sobre el sentido de lo humano y lo divino. 167 minutos de arte contemplativo, delicado, sensible, poético, reflexivo, mágico, emocionante, etéreo, terrenal, humano, divino que, que quede claro, solo convencerá a aquellas almas sensibles, espíritus muy curtidos en el cine de arte de ensayo, seres entregados al mundo del cine más alternativo e independiente además de interesados en cuestionarse acerca de la naturaleza humana y su vínculo con la naturaleza y Dios. De lo divino y de lo humano, podría haberse llamado. Absténganse los que exclusivamente se declaren devoradores del cine más “palomitero” y del entretenimiento (del que yo también soy fan; nada es incompatible). Una lección de cine, redonda, magna, al menos para mí, y de vida. La de afrontar nuestra presencia en este mundo disfrutando de cada detalle de ésta, de cada elemento de ella, de cada instante de su duración, de cada una de sus maravillas, de esa cosa tan extraordinaria de la que somos partícipes llamada existencia. Comparto con el amigo Terrence su lema. Disfrutemos de cada día, de cada rayo de sol, de cada gota de agua, de cada soplo de viento, de cada amanecer, cada atardecer, porque esto no es eterno, pero sí bonito, a pesar de las adversidades, mientras dura. Muy bien, Malick, lo has vuelto a hacer. Un 10.

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 “Solo nos queda bailar” / “And then we dance” (Dir: Levan Akin):

Y a la honestidad también se tienen que enfrentar los protagonistas de esta muy recomendable cinta de nacionalidad sueca (Que tuvo que rodarse en secreto y bajo presiones de amenaza), pero ambientada en Georgia, concretamente en el mundo de la danza tradicional, el del baile folclórico. La honestidad a sus sentimientos. A su deseo carnal, a su recién descubierta sexualidad (ambos se creían heterosexuales en un principio), a esa pasión que sentirán esos dos bailarines del “National Ensamble of Georgia”, en principio rivales, luego amigos y después amantes. De esto habla esta especie de “Call me by your name” más rudo, realista y seco, de la relación homosexual entre estos dos danzantes hombres en una sociedad y un mundo (el de la danza tradicional de Georgia) donde cualquier gesto de acercamiento íntimo masculino no sólo está mal visto sino condenado. Asistiremos al primer encuentro de ambos, a su rivalidad (ambos ansían un puesto en la primera compañía del “ensamble”) y posteriormente a su amistad. Y de una manera muy bien contada y muy creíble, veremos como se desearán y empezarán su oculta y prohibida relación. También asistiremos al infierno que vendrá después, el de las dudas, las inseguridades, los miedos, cuando todos empiecen a sufrir porque su “affair” les complicará su asistencia. Y una vez más, como el protagonista de Malick, asistiremos a ese duro momento de decisión vital. ¿Nos complicamos la existencia o simplemente sobrevivimos? Una pregunta que mucha gente, por desgracia, se tiene que hacer muy cerca de aquí, a pocos kilómetros, ya que, aunque parezca increíble en el siglo XXI, aún no pueden vivir su vida en libertad. Lamentable, ¿no?

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            Un notable drama, de gran interés, por lo bien que refleja la realidad social y económica de un país, y que nos muestra una bonita relación de amor/sexo entre dos jóvenes atrapados en una dura realidad social. Muy bien la trama, el enfoque del director (casi a modo de docu-drama) pero muy bien también sus actores (fantásticos ambos) y su música (un elemento más de la cinta que incluye desde el folclore georgiano a ABBA o el pop más bailongo de Robyn). Muy bien su excelente principio y muy bien su brillante final. Es quizá en el nudo, donde yo vea su mayor carencia (porque se enfanga en convenciones narrativas que, personalmente, caen más en el cliché), un pequeño escoyo que no quita, a modo general, calidad a la cinta y que siguen manteniendo a la misma dentro de una calidad casi sobresaliente. En definitiva, una cinta diferente, amena e interesante, disfrutable y llena de calidad, y con uno de los finales más potentes (y musicales) de lo último visto en cine. En definitiva, muy recomendable.

5 comentarios sobre “La honestidad, ante todo

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