El cine de Almodóvar no es extraño, no, pero sí de lo más original. Ya desde sus comienzos (en cintas como “Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón”, “Entre tinieblas” o “Laberinto de Pasiones”), hasta su cine más actual (“Madres paralelas” o Dolor y Gloria”, por citar las últimas), si algo ha tenido su cine es riesgo y nunca, en ninguno de sus proyectos, se ha dejado arrastrar por los ecos de sirena de la convencionalidad, lo previsible y anodino, o la comercialidad. Él siempre ha sido fiel a su instinto, a su particular estilo, a su sello personal, y, proyecto tras proyecto, no ha dejado de sorprendernos en cada una de las obras que ha tenido a bien de ofrecernos como espectadores.
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