He llorado mucho últimamente. Tanto de tristeza como de emoción. La vida. Con su ying y yang. Con sus alegrías y sus penas. Como he llorado, sí, soy una persona muy sensible, mucho, también en el cine a lo largo de mi vida. Muchas serían las películas que podría enumerar que han hecho que mis lágrimas cayeran por mis mejillas como en catarata del Paraná. Muchas. A veces por puro regocijo, por exaltación máxima. Otras por amargura total, desolación, tristura. Pero recuerdo una que realmente me marcó. Mucho.
Se llamaba “El club de los poetas muertos”. Nos llevaron a verla a mi hermana y a mí mis padres, cuando rondábamos la adolescencia. Contaba la historia de un profesor que hacía vivenciar a sus alumnos la verdadera naturaleza de la educación. No aquella basada en la pura repetición memorística, sino en la que les hacía experimentar, apasionarse y entregarse a la verdadera esencia de las cosas. Hablaba también de aprovechar el momento, del “carpe diem”, del vive y disfruta, antes de que la muerte nos arrolle con su nada anticipada e injusta llegada. De sacarle jugo a la vida. Exprimirle todo su contenido. Su final era tan perfecto como demoledor. Me encantó. Lloré a mares. Y, desde entonces, no sólo se convirtió en una de mis películas favoritas, si no la han visto no se la pierdan, sino que su personaje principal, ese apasionado y entregado profesor Keating (maravillosamente interpretado por Robin Williams), se convirtió en todo un referente personal en lo que a mi profesión se refiere, la enseñanza. Todo un héroe.
Estos días, he pensado mucho en esa película. Por muchos motivos. Primero por haber estado entregado a la preparación de un enorme musical con más de 120 alumnos de Bachillerato. Un proyecto, pedagógicamente fascinante, en el que hemos invertido muchas, pero que muchas horas. Que me ha quitado muchísimos minutos de sueño y me ha llevado infinitos días de trabajo. Un trabajo inmenso, créanme. Pero en el que los alumnos se han lanzado de cabeza, se han entregado de una manera incondicional, absoluta, apasionada y del que me han hecho sentir muy orgulloso y feliz. Ellos abandonaban por ciertos instantes ecuaciones, análisis de texto y sintácticos, fórmulas, temas y demás parafernalias pedagógicas, para entregarse al teatro, al canto, a la danza y al trabajo colectivo, al dejarse llevar y el ensayo, al probar cosas nuevas y volar, llenando de vida sus almas y experimentando algo que muchos no habían hecho nunca, pero que ninguno, créanme, ninguno olvidará.
En el medio la muerte, a unos días del estreno, cuando la incertidumbre y los nervios, pero también la algarabía y el jolgorio nos invadía, la de una de mis mejores amigas, otra gran profesional de la enseñanza, que nos dejaba muy joven y sin consuelo alguno, al menos para el que escribe estas líneas. El mazazo de la existencia. El sinsentido de la realidad. El duro golpe de lo que es imposible de creer, de aceptar, de lo irracional. La más dura de las tragedias.
Y otra vez a remontar y a seguir adelante con nuestro montaje, ya decían en “Queen” aquello de “The show must go on”, “El espectáculo debe continuar”, que ahora, menos todavía, podía dejar de fallar. Y vaya que si lo presentamos. Y vaya que si lo gozamos. Vaya que si lo disfrutamos. Un éxito absoluto. Y a mi amiga Paz, ejemplo de ser humano y de profesional de la pedagogía, allá donde esté, se lo dedicamos. Y volvimos a reír, de alegría, de euforia. Y a llorar, por tantas, tantas emociones.
El telón se bajó. El de la vida y el del teatro. Ahora toca continuar, no queda otra, pero no sin antes dar las gracias. No podré olvidar a mi amiga Paz, nunca. Un ser de luz. Excepcional. Como no podré olvidar tampoco nunca a todos aquellos adolescentes felices, eufóricos, orgullosos y maravillados por lo que acababan de hacer. Algo impagable. Por su entrega y confianza. Su fe ciega en mi trabajo y en mis locuras, mis andanzas. Sus rostros, sus sonrisas, sus lágrimas y sus palabras de agradecimiento han sido absolutamente motivadoras y reconfortantes. Inspiradoras y emocionantes. Me han llenado de una absoluta felicidad. De magia. “Hacía mucho que no me sentía tan vivo”, “Nunca podremos devolverte lo que nos has dado”, “Me tatuaré tu nombre”, “Gracias por todo”, “No lo olvidaremos”, … decína entre otras muchas cosas. Mientras, sus almas estaban más vivas que nunca. Bramaban. A lo que yo sólo puedo contestar: Gracias. Mil gracias.
Gracias a mi amiga Paz, por todo lo que nos diste a los que te conocimos. Fue tanto y tan maravilloso. Somos tan afortunados los que pudimos conocerte.
Y a mis queridos alumnos, gracias por todo lo que me habéis hecho vivir y por haberme hecho sentir, al menos por unos instantes, como el profesor John Keating, uno de mis héroes, lo cual como cinéfilo y profesor, y más tal y como está el mundo, para mí es el mejor de los cumplidos que me pueden hacer. El mayor de los regalos.
Termino estas líneas con un consejo que él tenía muy claro, me refiero a mi aodrado profesor Keating. . No lo olviden nunca, “Carpe Diem”, disfruten al máximo de la vida, que nunca se sabe cuando el telón, sea el del teatro o el de la vida, cae y acaba la función para siempre.

Nota: He visto “Misión imposible: Sentencia Final”, pero después de mis palabras, entenderéis por qué no haya escrito nada. Mañana o pasado tenéis mis impresiones sobre ella. Un adelantó; lo pasé bomba.

Felipe, qué decir! Que la muerte es parte de la vida, que yo creo que es un «hasta luego», que tú tienes un don para cambiar muchas vidas, para abrir horizontes, para ilusionar y que qué suerte tenerte cerca.
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Gracias. Alicia. Me ha encantado tu mensaje. Por saber que me sigues leyendo y por tus preciosas palabras. Tal cual, la muerte es parte de la vida y hay que aprender a aceptarlo, como hay que darlo todo en la enseñanza para abrir las mentes de nuestros jóvenes estudiantes, futuro de nuestra sociedad.
Un abrazo grande.
Felipe.
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Querido Felipe.
Conmovedor tu escrito. Mucho ánimo. Tu amiga tuvo gran suerte de tenerte como uno de sus pilares. Y tus alumnos el recuerdo imborrable de alguien que les guía el camino de la mejor forma.
Un abrazo.
Rubén
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Muchas gracias. Rubén. Por tus palabras de ánimo y de apoyo, como por tu apoyo incondicional a mi blog. Larga vida al cine y a Rubén.
Un abrazo.
Felipe.
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Que bonito Feli 😍😍😍😍
Enviado desde mi iPhone
Vanessa Moriyon Cortina
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Gracias. Mi Vane. 😘😘😘
Gracias por leerme.
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Oh capitán, mi capitán…
Qué bonito post nos vuelves a dedicar, a Paz y a todos tus lectores.
Muchas gracias!!
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Gracias a vosotros por leerme siempre y dedicar tanto cariño a mis entradas que escribo siempre con el corazón pero con el miedo de que no siempre gusten.
Un abrazo grande/
Felipe.
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Oh capitán mí capitán!
Nos conmueves con este post. Es una delicia seguirte, leerte y ser tu amigo.
Lo que cuentas es maravilloso y qué tremendamente afortunados son ese montón de alumnos que han entrado en tu vida, estoy seguro que no te olvidarán jamás. Todos quedamos marcados por los buenos y los malos profesores y creo que dejas una huella muy importante en ellos.
Comparto contigo que «El club de los poetas muertos» es maravillosa y también derramé unas cuantas lágrimas
Gracias Felipe
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Gracias amigo carlos, otro de los grandes lectores de este blog y más grande amigo. Gracias por tu apoyo incondicional y tu respaldo siempre a mi sentir y a mis palabras.
Un abrazo enorme.
Felipe.
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Qué suerte tenemos de tener un John Keating en nuestras vidas que nos enseñe a aprender disfrutando, viviendo y sintiendo todo tanto. Es increíble todo lo que hacéis en cada uno de los musicales que creáis y cómo conseguís involucrar a tod@s de una manera tan significativa y apasionada. Enhorabuena , sois únicos.
Es un placer también leerte, parece que estás a nuestro lado transmitiendo todo lo que te apasiona, te gusta y disfrutas.
Te mando un abrazo enorme por la pérdida de tu amiga, siempre es difícil decir adiós a nuestros seres queridos.
Y finalmente compartir contigo la misma opinión sobre El Club de los Poetas muertos, otra enamorada de esa gran película imprescindible para tod@s.
Un abrazo enorme.
Palmira
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Gracias, Palmira. Me hace mucha ilusión que me leas como me hace mucha ilusión tu apoyo a nuestro musical, más sabiendo como sabes lo que es montar algo de esas características. Yo me siento afortunado de tener unos lectores tan entregados como vosotros, unos alumnos tan fieles como los que tengo y una pasión tan grande como la que tengo por el cine que me lleva a disfrutar tanto de películas tan maravillosas como “El club de los poetas muertos.
Un abrazo enorme.
Felipe
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No tengo muchas más palabras, porque las tuyas lo han dicho todo y porque lo que transmites es lo que nuestro corazón, alma, entrañas …sienten cuando el recuerdo siempre vivo de tu Paz o mi Mar han pasado a otra dimensión pero que jamás van a dejar de acompañarnos en nuestro camino. Para mi las mayores lecciones y aliento me las ha dado la niñez y la juventud del regalo que la vida me había dado cuando la enfermedad empezaba a llevarse en plena juventud a mi querida hermana, por eso y por que nuestros seres de luz en forma de estrella así lo querrían: “carpe diem”.
Gracias por haberte cruzado en las vidas de nuestros hij@s, yo soy parte de lo que recibí en mi etapa académica de adolescencia y no tengo palabras para agradecer el poso que dejo el
buenhacer y las lecciones de esfuerzo y vida de las grandes personas que encontré en mi camino.
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Muchas gracias, Susana.
Tus palabras me emocionan y me llegan muchísimo, porque entiendes lo que es tener una gran pérdida y porque valoras mi labor en la enseñanza. Yo agradecido de haber tenido una amiga como lo fue Paz y agradecidísimo del poder disfrutar de unos alumnos tan entregados y fieles como los que tengo. Sin ellos mi vida no sería igual, de verdad.
Un saludo y mil gracias por seguir el blog/
Felipe.
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No tengo muchas más palabras, porque las tuyas lo han dicho todo y porque lo que transmites es lo que nuestro corazón, alma, entrañas …sienten cuando el recuerdo siempre vivo de tu Paz o mi Mar han pasado a otra dimensión pero que jamás van a dejar de acompañarnos en nuestro camino. Para mi las mayores lecciones y aliento me las ha dado la niñez y la juventud del regalo que la vida me había dado cuando la enfermedad empezaba a llevarse en plena juventud a mi querida hermana, por eso y por que nuestros seres de luz en forma de estrella así lo querrían: “carpe diem”.
Gracias por haberte cruzado en las vidas de nuestros hij@s, yo soy parte de lo que recibí en mi etapa académica de adolescencia y no tengo palabras para agradecer el poso que dejo el
buenhacer y las lecciones de esfuerzo y vida de las grandes personas que encontré en mi camino. Gracias Felipe!!
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