Voy a ver “El agente secreto”. Película que sigue la estela de esas cintas de la cinematografía brasileña que, en los años precedentes, se han hecho un hueco en los OSCAR. Películas de lo más interesantes y plausibles como las muy aclamadas “Ciudad de Dios”, “Estación Central de Brasil”, “Diarios de una motocicleta” o, más recientemente, “Aún estoy aquí”, entre otras.
En el caso que nos toca, “El agente secreto”, estamos hablando de una película que se estrenó en la anterior edición de Cannes (siendo en dicho certamen merecidísimamente premiada en las categorías de actor y dirección), donde, desde el primer momento, tuvo el absoluto respaldo de la crítica, empezando a ganar más y más prestigio, llegando a alcanzar la enorme odisea de ser nominada en cuatro categorías de los OSCAR, incluyendo las de Mejor película, mejor director, película internacional y casting. Ahí es nada su recorrido.
Por todo ello, voy con ganas, pero como cada vez leo menos de las críticas y veo menos tráileres, porque tienden a destripar las sinopsis de las cintas en las que se centran, antes de sentarme en la butaca estoy con la idea preconcebida de que me dispongo a ver un thriller político de corte clásico sobre los dolorosos golpes de la dictadura en un país como Brasil.
Error. Y no porque no sea un thriller político sobre el horror de la dictadura, que lo es, sino porque de clásico, nada de nada.

“El agente secreto” / “O agente secreto”. (Dir: Kleber Mendoça Filho):
¡Como loco!!! Así me quedo tras la proyección de “El agente secreto”. Tras haber visionado una cinta de lo más compleja y desconcertante que he visto últimamente en una pantalla de cine. Esperaba, como avanzaba en la introducción, un thriller político al más puro estilo “Le Carré”, tradicional y elegante, austero y despiadado, pero con pura esencia carioca. Pues no. Me encuentro un thriller político, sí, pero que a su vez es todo un popurrí de géneros de lo más desconcertante, loco, atrevido y extremo, de lo que uno se puede imaginar. Una locura, vaya. No puedo decir que no me guste, porque no es así. La veo sin inmutarme a pesar de sus 160 minutos. Tampoco que me fascine, como le está pasando a una gran parte de la crítica especializada. Estoy a medio camino. “En el medio de los Chichos” … como diría el otro. La encuentro llena de genialidades, muchas, pero también irregular. Tan sorprendente y estimulante, como imperfecta y descontrolada. Tan apasionada, genuina, “Tarantiniana” y desbocada, como alargada y un tanto desnortada.
Dos cosas, eso sí, me quedan muy claras:
Que su director ama el cine. Y me lo transmite. En lo que podría ser una especie de Tarantino a lo brasileño, siento en cada fotograma, en cada instante, en cada encuadre, en cada secuencia, en cada diálogo, que su creador ha mamado cine por los cuatro costados, algo que se nota en cada uno de los homenajes cinéfilos que recorren la pantalla, maravilloso el de “Tiburón”, por ejemplo, como en esa fascinante forma de crear imágenes, de trasladar a la pantalla su realidad creativa. Todo está cuidado, todo, y siento pasión cinéfila en cada uno de sus 140 minutos. Un enorme director para tener muy, pero que muy, en cuenta.
Que su actor principal, Wagner Moura, es un crack y que está inmenso como protagonista absoluto de todo este tinglado. Perfecto. Impoluto. Su minimalista, parca y directa, interpretación es magna. Está fantástico de principio a fin. De esos derroches actorales de los que es imposible apartar la mirada.
Todo mi aplauso para ellos dos. Y para otras muchas cosas: su retro fotografía setentera, la personal historia de nuestro protagonista, el personaje de Doña Sebastiana, ¡maravilla!, su vitalidad, el uso de la música, ese final que cierra todo un homenaje a un personaje y al cine, … Muchas cosas buenas.
Pero viendo sus virtudes, que las tiene, y enormes, también la encuentro demasiado ecléctica, desmedida, irregular, nada clara en su foco, un tanto barroca, en algún momento anodina, …
Ni me entusiasma, pero tampoco me deja sin ganas, al contrario, me dejo atrapar por su extraña idiosincrasia, por su rara naturaleza, por su esencia embrujada, … Me gusta el haber visto algo diferente, lo aplaudo, pero no acabo de ver esa obra, que muchos reconocen, magna.
Así que, ustedes mismos. Juzguen por su propio pie si van a verla. Yo, ni se la recomiendo, ni no. Eso sí, desde luego, les dejará todo menos indiferente, … Palabra de cinéfilo muy curtido en salas, avisados quedan, mis queridos “hoymevoyalcinemaniacos”.
