Que Palestina está viviendo una verdadera pesadilla con el genocidio llevado a cabo por el gobierno israelí en la franja de Gaza, es algo conocido por todos (aunque no por todos reconocido). Día tras día seguimos recibiendo terribles noticias de la devastadora situación del pueblo palestino, quiénes intentan seguir adelante como pueden, sobreviviendo a una situación absolutamente desquiciante y terrible, simplemente por vivir en las tierras que injustamente fueron ocupadas años atrás por el gobierno israelí. Miles y miles de ciudadanos civiles mueren cada día ante la mirada distante de la población internacional, quiénes, aunque condenan y sufren tal injusta situación, seguimos con nuestro día a día, sin poder hacer mucho más que denunciar públicamente y manifestarnos abiertamente ante tal absolutamente horrible genocidio.
Películas tan necesarias como “La voz de Hind”, nos sirven para recordarnos la monstruosa situación que se vive a no muchos kilómetros de aquí, sirviendo de altavoz de las víctimas y de recuerdo a la comunidad internacional para que no mire a otro lado y tome cartas políticas sobre el asunto.
Salgo demolido de su proyección. Esto es lo que me parece.

“La voz de Hind” (Dir: Kaouther Ben Hania):
La propuesta de esta película árabe no puede ser más potente. Casi a modo documental, “La voz de Hind”, reconstruye casi a tiempo real, la angustiosa situación que vivió la ONG “Media Luna Roja” y sus integrantes cuando estos intentaron salvar del genocidio a una niña de 6 años atrapada en un coche en la zona de GAZA, con el resto de sus familiares muertos, la cual se podrá en contacto telefónico a través de un móvil con los miembros de dicha organización. Dichos voluntarios lucharán con uñas y dientes para intentar enviar una ambulancia de manera segura a la zona bélica donde se encuentra el coche e intentar salvar a la angustiada criatura. Propuesta que se hace el doble de potente ya que la directora utiliza durante el metraje los audios originales de la niña durante esa llamada, así como ciertos vídeos grabados esa misma noche en la oficina de la ONG con las personas reales implicadas, mezclados con los actores profesionales quienes hacen una recreación fiel de la terrible jornada que vivieron aquel trágico día.
El resultado: demoledor. Duro, sobrecogedor, terrible, descorazonador, triste, angustioso, doloroso, tremendo, … y todos los adjetivos desmoralizantes y sombríos que se os puedan ocurrir. Absolutamente dramático. Uno sale demolido. Y recordando a fuego la terrible situación que el pueblo gazatí está viviendo en estos momentos. Rabia, angustia, tristeza. Son varias de las emociones que recorren tu cuerpo durante el visionado, el cual es frenético y altamente angustioso.
Si bien es verdad que me convence más el contenido que el continente, más el mensaje y lo acontecido, más lo que cuenta que lo puramente cinematográfico, decir que en conjunto el resultado me resulta sobresalientemente necesario en estos momentos y que su visionado debería ser obligatorio no sólo para cualquier cinéfilo que se precie, sino para cualquier ser humano del mundo mundial.
Una pieza de carácter casi documental, combativa y reivindicativa, ante este genocidio que está ocurriendo en tiempo real, y el cual debería de poner su fin, sea como sea, ya.
Cine político y humanitario tan necesario como de obligada visión. Eso sí, muy duro. Avisados quedan.
