Mujeres silenciadas o la fantástica “La semilla de la higuera sagrada”.

Voy a ver “La semilla de la higuera Sagrada”. Reconozco que me da una pereza mortal. Me echa para atrás el hecho de que sean 2 horas y 45 minutos en persa, de una cinematografía, la árabe (aunque la cinta esté nacionalizada en Alemania), que a veces se caracteriza por un tempo tirando a lo lento. El hecho de que nominen a la película a mejor película extranjera el pasado jueves (para que luego digan que no sirven de nada las nominaciones y los premios) me hacen salir de mi casa a verla. Pero temo lo peor, que sea el típico producto sobrevalorado por los enamorados del cine de autor más exótico, y que se me haga eterna. Error. Es Fantástica. Tremenda. Brutal. Un peliculón, vaya.

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Empezando con fuerza.

Vuelvo con fuerza, con ganas e ilusión de afrontar un 2025 que espero lleno de cosas buenas, tras unas intensas y muy disfrutables vacaciones que me han hecho gozar, mucho, pero también me han vuelto a hacer recordar hacia su final la necesidad de las rutinas y de esas pequeñas cosas que hacen que todo esté en orden y la existencia funcione, de cuya importancia no somos conscientes hasta que dejamos de tenerlas y echamos de menos. Ese volver a tu lado del sofá para dormitar por la noche mientras intentas ver las series de moda, esa merecida ducha después del demoledor deporte, esas comidas ligeras que no te hacen sentir como un mamut que se ha comido a un mamut, esos espacios de silencio y de calma que hacen descansar tu alma, esa realidad programada que pone a punto tu cerebro y mente, esa tranquilidad emocional propia de la mayor de las normalidades y de las rutinas, ….

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